Intentó entrar a la universidad varias veces y no pudo. El colportaje le abrió la puerta
Emily León llegó desde Guatemala a estudiar en la Universidad de Montemorelos gracias al colportaje. Su historia es un testimonio de fe, perseverancia y confianza.
No siempre fue claro cómo Emily León llegaría a estudiar a la Universidad de Montemorelos. De hecho, por mucho tiempo parecía que ese sueño no era posible.
Originaria de Guatemala, Emily había intentado ingresar a una universidad en su país varias veces, pero no lo logró. Sin los recursos para una educación privada, el camino parecía cerrarse. Sin embargo, todo comenzó a cambiar el día que un colportor llegó a su casa y le habló de una forma distinta de estudiar que era trabajando, creciendo en la fe y confiando en que Dios abriría puertas.
Esa idea despertó algo en ella. Comenzó a buscar opciones y encontró en la Universidad de Montemorelos una respuesta inmediata, algo que contrastó con otros intentos que no prosperaron. Lo que siguió ocurrió con una rapidez que hasta hoy le sorprende. Inició en el colportaje, completó sus trámites y, en medio de un proceso migratorio complicado, logró obtener su visa de manera casi milagrosa.

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Gabriel Rivera llegó a la Universidad de Montemorelos sin querer estudiar allí y hoy comparte su experiencia de formación pastoral, servicio en diferentes países y compromiso con la misión.
Así, en agosto de 2022, llegó a México para comenzar sus estudios en Ingeniería en Sistemas Computacionales, una decisión que también implicó un cambio importante, ya que originalmente planeaba estudiar Medicina. Pero había algo que la llevaba hacia la ingeniería, hacia lo que había comenzado a descubrir en la programación, y decidió confiar en esa dirección.
Desde entonces, el colportaje no ha sido solo un medio para sostener sus estudios, sino una experiencia que ha transformado su manera de ver la vida. No siempre fue fácil. Al inicio, enfrentó momentos difíciles que incluso la hicieron dudar de continuar. Pero con el tiempo decidió intentarlo nuevamente, esta vez con una actitud diferente.
Aún hoy, el recuerdo de su experiencia de colportaje en la Ciudad de México sigue marcando su manera de ver esta labor. Junto con su asociada visitó una iglesia donde al inicio no encontraron mucha apertura. El pastor les aconsejó que no se limitaran a vender, sino que se acercaran a las personas, que se relacionaran con ellas y ganaran su confianza.

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Emily decidió hacer ese cambio. En lugar de irse rápido, se quedó más tiempo del planeado, incluso modificó su vuelo. Empezó a convivir más con la iglesia y a interesarse genuinamente por las personas. Con el paso de los días, la respuesta fue completamente diferente y por consecuencia el resultado económico también.
Esa experiencia le dejó una lección profunda. Entendió que el colportaje no se trata solo de esfuerzo o resultados inmediatos, sino de conectar con las personas y confiar en que Dios es quien abre las puertas en el momento indicado.
Hoy, su historia es el resultado de decisiones valientes, de confiar cuando no había certezas y de permitir que cada oportunidad —especialmente el colportaje— fuera guiando el camino.
Para quienes están considerando estudiar y no ven cómo lograrlo, Emily lo resume desde su propia experiencia:
“Si algo pudiera decirles, es que el colportaje es una experiencia que transforma. No solo te reta en lo personal, sino también en lo espiritual. Te enseña a depender de Dios, a confiar en que Él obra en los corazones, y a entender que incluso los pequeños esfuerzos tienen un gran valor. Dios ve la perseverancia y siempre responde de alguna manera.”
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






