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Una familia, un propósito y un nuevo comienzo

Isabel y Manuel dejaron atrás su hogar en Chiapas para acompañar a sus hijos en su camino hacia una educación basada en principios eternos.

De izquierda a derecha, Juan Manuel, Yole, Isabel, Damaris y Manuel de Jesús. Fotografía cortesía de Damaris.
De izquierda a derecha, Juan Manuel, Yole, Isabel, Damaris y Manuel de Jesús. Fotografía cortesía de Damaris.

El autobús avanzaba por la carretera rumbo a Montemorelos, mientras Isabel y su esposo Manuel Pascacio miraban por la ventana, con el corazón lleno de emoción e incertidumbre. Atrás quedaban su hogar en Tonalá, Chiapas, sus amigos, familia, su iglesia y los recuerdos de toda una vida. Por delante, un nuevo comienzo, impulsado por la convicción de que la educación adventista transformaría la vida de sus hijos.

Los esposos Pascacio, conocieron el colportaje cuando sus hijos eran pequeños. Como familia, se involucraron en la iglesia, participando en actividades juveniles y ministerios, hasta que Isabel asumió el cargo de educación en su congregación. Fue en ese momento cuando, leyendo los escritos de Elena G. White, descubrió la importancia de la formación integral, donde el hogar, la iglesia y la escuela deben complementarse. Esa convicción quedó grabada en su corazón y la llevó a tomar la decisión de que sus hijos debían estudiar en instituciones adventistas.

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Apuesta ganadora | Conéctate UM

Karen y Brandon decidieron reinvertir todo lo que habían ganado en libros, y con fe superaron sus metas en tiempo récord.

Cuando Juan Manuel, su hijo mayor terminó la preparatoria, no estaba seguro de dónde continuar sus estudios. La Universidad de Montemorelos (UM) era una opción en su mente, pero el factor económico representaba un gran desafío. Con fe, logró obtener su ficha para el examen de admisión y, tras solicitar una oportunidad, fue aceptado en la carrera de Medicina. Ahí comenzó la verdadera prueba: ¿cómo costear sus estudios?

Sin pensarlo dos veces, la familia decidió lanzarse al colportaje. Durante quince días intensos, Juan Manuel y su mamá salieron cada mañana con la esperanza de reunir los fondos necesarios para iniciar los estudios. Con esfuerzo y oración, lograron juntar 15 mil pesos en ese corto tiempo. Aunque los recursos eran escasos, Isabel y su hijo viajaron a Montemorelos con la fe de que Dios proveería. Isabel inscribió a su hijo y regresó a Tonalá.

 En la fotografía izquierda, se muestra a Damaris junto a una familia mientras le ofrece material con el que colporta. En la foto de la derecha, Juan Manuel junto a sus compañeros durante una campaña de colportaje. Fotografía cortesía de Damaris.
 En la fotografía izquierda, se muestra a Damaris junto a una familia mientras le ofrece material con el que colporta. En la foto de la derecha, Juan Manuel junto a sus compañeros durante una campaña de colportaje. Fotografía cortesía de Damaris.

Las dificultades económicas no tardaron en aparecer, pero la determinación de Juan Manuel lo llevó a unirse al programa de colportar Proyecto Monterrey por un año para pagar su deuda universitaria. Luego, la pandemia lo obligó a regresar a casa, donde continuó vendiendo libros de manera virtual. Sin embargo, su espíritu emprendedor lo hizo volver al Proyecto Monterrey, y su hermana Damaris decidió unirse a él para buscar también oportunidades de desarrollo y estudio.

Fue entonces cuando sus padres se hicieron la gran pregunta: ¿cómo podrían apoyarlos? La respuesta fue audaz: mudarse también.

La decisión no fue sencilla. Manuel dejaba atrás su carpintería y su hogar de toda la vida. El temor al futuro era real, pero Isabel tenía la certeza de que Dios proveería. Durante meses, Manuel oró pidiendo una señal, hasta que los encargos de carpintería comenzaron a llegar justo antes de su partida. Confiando en que Dios abría las puertas, vendieron lo que pudieron, compraron los boletos y se embarcaron en un nuevo inicio.

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Conéctate UM | Un milagro contemporáneo

David encontró en el colportaje un tesoro.

El 31 de diciembre de 2021, los esposos Pascacio llegaron a Monterrey, donde sus hijos los recibieron con una cena especial junto a otros colportores. Días después, se establecieron en Montemorelos, donde encontraron trabajo y estabilidad. Manuel pronto consiguió empleo como carpintero, mientras que Isabel, con su característica determinación, se aseguró de que tuvieran todo en regla para comenzar esta nueva etapa, y además consiguió un trabajo temporal hasta que retomó el colportaje.

Hoy, Damaris y Juan Manuel cursan el quinto y sexto semestre de Medicina, y siguen confiando en la providencia de Dios mientras colportan para alcanzar sus metas. Sus padres, Isabel y Manuel, son un testimonio vivo de fe y perseverancia. Dejaron todo atrás con una convicción firme: brindar a sus hijos una educación basada en principios eternos. El camino no ha sido fácil, pero su confianza en el plan de Dios los sostiene y les recuerda que cada sacrificio vale la pena.

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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