De la oración a la misión: Una familia guiada por la confianza en Dios
Madre e hija enfrentan desafíos con confianza en Dios y ven su provisión a través del colportaje y la educación.
Cuando Aracely Cámara oraba por el futuro de su hija, nunca imaginó hasta dónde la llevaría su fe. Desde que Brisney era pequeña, Aracely pedía a Dios que le permitiera estudiar en una escuela adventista. Sin embargo, al llegar el momento de iniciar los estudios universitarios, Brisney se preparaba para ingresar a una institución pública en su natal Ciudad del Carmen, Campeche. Todo cambió cuando en el año 2021 una invitación inesperada llegó a sus vidas: conocer la Universidad de Montemorelos.
“Sentí que era la respuesta a mi oración y tomamos la decisión sin pensarlo dos veces”, recuerda Aracely. Su esposo la apoyó sin dudarlo y, junto a su hija, su hermana y su sobrino, emprendieron el viaje hacia lo desconocido. Dejaron atrás su casa y un negocio de comercio, confiando en que Dios proveería. Y así comenzó Brisney su proyecto educativo, con el apoyo de sus padres y con el colportaje, un ministerio del que se enamoró gracias al ejemplo de su madre quien colportó por muchos años.
Aracely y Brisney llegaron primero a Montemorelos mientras que su esposo permaneció en Ciudad del Carmen atendiendo su taller de vidrios y aluminio, y así poder apoyarlas económicamente. Años más tarde decidieron que era momento de vivir todos juntos en Montemorelos, pero antes de poder dar ese paso, una tragedia tocó sus vidas. En junio de 2024, tres días antes de viajar, el papá de Brisney murió de un infarto fulminante.
Ese verano, era la primera campaña de colportaje de Brisney como líder de grupo. Con mucho esfuerzo y dedicación había logrado reclutar a más de 30 estudiantes para unirse al colportaje, marcando un precedente en la Universidad de Montemorelos.
En medio del dolor, la decisión de quedarse en Montemorelos nunca titubeó. “Necesitábamos regresar, porque era el sueño de mi esposo que Brisney estudiara aquí, y yo también necesitaba trabajar y estar cerca de mi hija para apoyarnos a sobrellevar este dolor”, relata Aracely. Ella encontró empleo en el Comedor Universitario, mientras Brisney se sumergía en su nueva vida como estudiante y colportora.
Luego de enterrar a su padre, Brisney regresó directamente al sur de Tabasco donde su grupo de colportores la estaban esperando para avanzar en la campaña. Ese verano, su grupo realizó una compra de 840 mil pesos, una cifra sin precedentes en más de diez años en cualquier institución educativa adventista.
El camino no ha sido fácil para Aracely y Birsney, pero la fe ha sido su ancla. Cuando recién llegaron a Montemorelos, una persona les dio una bienvenida que hoy cobra un significado profundo: “Bienvenidos a la ciudad de los milagros”. Y así ha sido. Aracely ha visto la mano de Dios obrando en cada paso, respondiendo oraciones y guiándolas en el camino. “No anhelo riquezas ni bienes materiales. Solo deseo ver que mi hija tenga una fe firme y ame a Dios con todo su corazón. Eso es lo más valioso que podría recibir”.
Y Brisney declara: “El colportaje es una misión que transforma vidas. Me ha enseñado a madurar, a desarrollar habilidades y a ver la vida desde otra perspectiva. Mi mamá siempre me habló maravillas de esta labor, y ahora entiendo por qué. Después de graduarme, quiero seguir distribuyendo materiales que ayuden a más personas a conocer a Jesús, trabajar en instituciones adventistas y, a largo plazo, emprender un negocio alineado con los principios de la iglesia, especialmente en el área de salud.”
La historia de Aracely y Brisney es un testimonio de cómo Dios abre caminos donde no los hay. Y para quienes llegan a Montemorelos con el corazón lleno de sueños y fe, la experiencia de esta familia es una inspiración: en la Universidad de Montemorelos, la provisión y el amor de Dios se hacen tangibles cada día.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






