Dejó Medicina en Monterrey para seguir un propósito en la Universidad de Montemorelos
Melanie Hernández encontró en el colportaje una oportunidad para estudiar Medicina, fortalecer su fe y prepararse como médica misionera.
Tomar decisiones que cambian el rumbo de la vida nunca es fácil. Mucho menos cuando implican dejar atrás lo seguro para apostar por algo que parece imposible. Sin embargo, para Melanie Hernández, estudiante de Medicina en la Universidad de Montemorelos, esa decisión marcó el inicio de una historia de fe, propósito y transformación.
Originaria de Monterrey, Melanie comenzó su camino en el área de la salud influenciada por su familia, especialmente por su madre, quien es enfermera. Con disciplina y esfuerzo, logró ingresar a una de las universidades más reconocidas del país para estudiar Medicina, superando un proceso altamente competitivo. Todo indicaba que su futuro ya estaba definido. Pero había algo que aún no terminaba de encajar.
Desde pequeña, Melanie había sentido una conexión especial con Dios. A pesar de no haber tenido una formación religiosa constante, siempre buscó fortalecer su fe por iniciativa propia. Con el tiempo, esa convicción comenzó a influir en cada decisión importante de su vida.
Mientras avanzaba en sus estudios en Monterrey, descubrió que la Medicina no solo era una carrera exigente, sino también una herramienta para servir. A través de brigadas médicas en su iglesia, descubrió un deseo real de ayudar a las personas en medio de su necesidad.
Pero fue entonces cuando surgió una inquietud inesperada.
Cada vez que venía a Montemorelos a visitar a sus familiares, sentía algo distinto, una paz y sentido de comunidad que no experimentaba en otra parte. Veía a otros jóvenes formándose en la universidad y deseaba estar ahí, aunque lo consideraba imposible por razones económicas. Hasta que las palabras de su tío cambiaron su perspectiva sobre lo realmente determinante:
“A ti no te falta dinero, te falta fe.”
Esa frase marcó un antes y un después.
Impulsada por esa convicción, Melanie decidió dar un paso que pocos se atreven a tomar. Dejó su carrera en Monterrey y comenzó a colportar. Sin el apoyo inicial de su familia y enfrentando incertidumbre, inició su primera campaña en 2024. Lo que encontró no fue solo una forma de sostener sus estudios, sino una experiencia que transformó su vida.

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La historia de fe de un estudiante que cambió de rumbo para prepararse como pastor y servir a Dios.
El colportaje no solo le permitió avanzar hacia su meta profesional, sino que también fortaleció su carácter, su fe y su visión de servicio. A través de esta experiencia, desarrolló habilidades de comunicación, empatía y liderazgo, además de participar en conferencias y proyectos de impacto social.
Hoy, Melanie estudia Medicina en la Universidad de Montemorelos con una perspectiva completamente diferente.
“Cada semana recuerdo por qué no me arrepiento de haberme cambiado.La misión, visión y propósito están presentes en todo, en lo que estudio, en los profesores, en el ambiente. Compartimos una misma misión, y eso hace una gran diferencia.”
Más allá de convertirse en doctora, su sueño es ser una médica misionera. Servir, sanar y llevar esperanza.
Además, su decisión tuvo un impacto inesperado en su familia. Después de su primera campaña de colportaje, sus padres regresaron a la iglesia, fortaleciendo también su vida espiritual.

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Casi 290 alumnos participaron en la campaña de invierno 2025–2026 llevando esperanza a comunidades de México mientras avanzan en el autofinanciamiento de sus estudios universitarios.
La historia de Melanie no es solo un testimonio personal. Es un reflejo de lo que sucede cuando la educación se combina con valores, propósito y oportunidades reales.
En la Universidad de Montemorelos, los estudiantes no solo se preparan profesionalmente. Se forman para servir, para liderar y para transformar su entorno.
Y herramientas como el colportaje hacen posible que muchos jóvenes, como Melanie, conviertan lo imposible en realidad.
A los jóvenes que están considerando su futuro, Melanie les dice:
“No te falta dinero, te falta fe. Cuando das ese paso, te das cuenta de que Dios abre las puertas.”
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






