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Siempre puedes volver: el amor del Padre no se cansa

Descubre en la historia del hijo pródigo cómo Dios restaura tu identidad y te recibe con gracia, sin importar cuán lejos hayas ido.

Imagen de Envato.
Imagen de Envato.

Estudiar la Palabra de Dios es una experiencia llena de sorpresas. 

Muchas veces he estudiado esta historia de hijo pródigo y aunque la esencia es la misma, las lecciones que podemos aprender son increíbles.

Luego de llegar a su punto más bajo, fíjense a las conclusiones que llegó el hijo pródigo después de evaluar y reflexionar sobre su pésima situación:

“¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.’” (Lucas 15:17 – 19)

Así de fuerte es el impacto del pecado. No solo nos aleja del Padre, también distorsiona nuestra identidad. Este joven llegó a la conclusión de que ya no se le debería considerar como hijo.

Satanás paga tan mal, que nos hace pensar que no merecemos el amor del Padre y su misericordia.

Pero ahora, es verdaderamente conmovedor que el Padre, al ver que su hijo estaba regresando, ni siquiera lo dejó terminar su pequeño discurso que había preparado. Y ¿Qué hizo en cuanto lo vio? 

  1. Corrió a recibirlo (Lucas 15:20)
  1. Le devolvió su identidad (Lucas 15:22)
  1. Celebró su regreso (Lucas 15:23)

Ahora… ojalá la historia terminara aquí, pero no. El hermano que había quedado en casa, ¡aún estando en casa! también muestra estar desconectado del corazón del Padre.

Su reacción al ver la celebración de su padre es de enojo, celos y juicio. No reconoce al recién llegado como su hermano. Solo ve sus errores y su pasado.

Quiere decir que yo, si escojo irme de casa o quedarme, corro el mismo peligro de distanciarme del Padre. 

La buena noticia para estos dos hermanos y para ti y para mí, es que donde abundó el pecado, sobreabundó la misericordia y gracia de Dios (Romanos 5:20).

Porque al final, todos somos hijos necesitados de su misericordia.

En este relato no hay héroes, solo personas frágiles. Pero hay un Padre que ama sin medida. Y esa es la esperanza que nos sostiene. No importa cuánto hayamos fallado, siempre hay un camino de regreso. Y en ese camino, lo que nos espera no es rechazo, sino restauración.

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.  

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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