El peso de tener que decidir
¿Cuál es el marco bajo el cual tomas tus decisiones más importantes?
Roberto es un adolescente que cursa la secundaria en la época en la que se debe asistir a la escuela los sábados para tomar algunas clases. En la localidad donde vive no hay un colegio adventista, por lo que los jóvenes que desean realizar sus estudios secundarios deben trasladarse a un colegio adventista con internado o inscribirse a la única escuela secundaria pública del pueblo. Como Roberto no puede salir aún de casa, se inscribe en la escuela de su localidad; afortunadamente, no enfrenta ningún problema con el asunto del sábado, pues su papá -un fiel adventista- hizo oportunamente los arreglos en la escuela para obtener el permiso de no asistir este día sin tener problemas con el reglamento de la institución. Gracias a esto, Roberto y otros muchachos adventistas evitan tener que asistir a la escuela en sábado.
Hasta aquí no parece haber mayor problema con estos jóvenes. La dinámica familiar los lleva de la mano y por inercia asisten los sábados a la iglesia adventista, participando de las actividades regulares y cumpliendo con la orden de Dios sobre el día de descanso, mientras continúan con su educación.
Sin embargo, una vez que Roberto egresa de la preparatoria, se traslada a la capital del estado para cursar sus estudios universitarios. En la carrera que elige, su horario exige que debe tomar algunas materias en sábado, ya que no se imparten otro día de la semana. En este momento, su papá ya no está a su lado para enfrentar juntos el dilema del día de descanso y hay muchos kilómetros de distancia entre la casa paterna y su actual lugar de residencia. ¿Qué debería hacer entonces ante esta situación?
Existen dos opciones. La primera, y la más sencilla, sería asistir a su clase los sábados, al fin y al cabo “nadie se enteraría”; sus padres están muy lejos y en la ciudad nadie lo conoce. Además, debe prepararse para dar un mejor servicio a Dios y a la humanidad, y bien podría aplicar el popular refrán: “El fin justifica los medios”. Con este pensamiento, por lo menos podría acallar un poco su conciencia respecto a su responsabilidad ante Dios.
La segunda opción sería ser congruente con sus principios: hacer los arreglos correspondientes en la dirección de su Facultad (ya que ahora es su responsabilidad), respetar el sábado, asistir a la iglesia y continuar participando de las actividades. En este punto, él solo tendría que enfrentar esta situación guiado por sus convicciones y su dependencia de Dios.
Para Roberto este es un momento muy importante, ya que debe tomar una decisión que marcará el rumbo de su vida de adulto… Tal vez no entienda del todo lo que implica una u otra decisión, pero sí sabe que -mientras se mantenga de parte de su Dios- Él lo guiará en su vida y en los problemas que un universitario debe enfrentar.
Uno de los principios básicos que hacen sabio a los hijos de Dios es el temor a Jehová, así que finalmente, Roberto decide encarar la situación y hacer los arreglos respectivos para no asistir los sábados a la universidad y buscar una iglesia en donde adorar (como él había aprendido en su niñez y en su adolescencia). No fue fácil obtener su título, pero lo logró y pudo dar testimonio de cómo se puede obedecer los principios sagrados y ser guiado para servir verdaderamente con un valor moral que te respalde.
Los niños nacidos dentro de familias adventistas son educados con principios y valores cristianos, pero no es en automático que se mantendrán fieles; siempre llega el momento en el que deberán tomar una decisión personal de seguir los principios de la fe adventista o ir por otro camino. Bien podemos recordar las vidas ilustres de los jóvenes que la Biblia menciona como ejemplo de los resultados de la verdadera educación. Esta es una hermosa descripción del libro La Educación en la página 49:
“La historia sagrada nos ofrece numerosos ejemplos de los resultados de la verdadera educación. Son muchos los personajes destacados cuyos caracteres se formaron bajo la bendición divina y cuyas vidas fueron una bendición para sus semejantes; pues vivieron en el mundo como representantes de Dios. Entre ellos figuran José y Daniel, Moisés, Eliseo y Pablo: dos de los más grandes estadistas, el mayor de los legisladores; uno de los reformadores más fieles; y exceptuando a Aquel que habló como jamás habló hombre alguno, el maestro más ilustre que este mundo haya conocido.”
Los mismos recursos que el Cielo puso al alcance de la familia de estos grandes hombres de Dios y de ellos mismos, están dispuestos para cada hogar y para cada joven que se decide en favor de Dios.
¡No te desanimes si no puedes prepararte en una universidad adventista! Lo más importante es ser fiel a Dios y a sus mandamientos y Él te conducirá por el camino correcto y te prosperará, porque en la cima del pueblo de Dios hay lugar para todos.






