¿Cómo volver a Dios cuando te sientes perdido?
Las parábolas de Jesús revelan que su gracia es mayor que nuestros errores y siempre hay un camino de regreso.
Jesús contó tres historias para dejar muy claro el profundo interés que tiene en salvar y redimir a cada ser humano. Las dos primeras parábolas (Lucas 15:1–10) revelan el plan de salvación que se elaboró en favor de este mundo caído.
Es interesante notar que, tanto en la historia de la oveja perdida como en la de la dracma extraviada, nuestro Salvador no espera colaboración para encontrarlos. Él mismo se da a la tarea de buscar, hallar y traer de vuelta lo que se había perdido. Él lo hace todo. (Una ilustración clara de cómo salvó a este mundo.)
La tercera historia, sin embargo, es distinta. La parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11–32) nos habla directamente a cada uno de nosotros, de forma individual.
La actitud del hijo menor es, sin duda, reprobable. ¿Cómo puede pedir su herencia mientras su padre aún vive? En aquella cultura, esa petición era una ofensa grave, un acto de desprecio. Y sin embargo, el padre se la concede.
Podríamos llamarlo inmadurez, arrogancia o simple necedad. Lo cierto es que este joven malgastó toda su herencia y terminó solo, sin dinero, en medio de una crisis general.
Cayó en lo más bajo a lo que podía llegar un judío en ese tiempo: cuidar cerdos. Y peor aún, deseaba comer lo que ellos comían.
¿Quién dijo que el camino que Satanás ofrece, lejos de Dios, es mejor? ¿No sabemos acaso que Satanás siempre paga mal?
En teoría lo sabemos. Pero en la práctica, nos creemos tan inteligentes, tan autosuficientes, que pensamos que podemos enfrentarlo sin la ayuda de Dios. Nos alejamos, creyendo que no nos pasará nada.
Gracias a Dios por su misericordia. Ella es nuestra ancla, nuestro salvoconducto. Es la constante en el carácter de Dios.
La mejor noticia para un pecador como yo es esta: la gracia de Cristo jamás será proporcional a mis acciones… ¡Siempre será mucho mayor!
“La Ley, pues, se introdujo para que el pecado abundara; pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20).
Si alguna vez te has sentido lejos, perdido o indigno… recuerda: Dios te sigue esperando con los brazos abiertos. Volver a casa siempre es posible.
Editora: Brenda Cerón.






