María: una mujer entregada a la voluntad divina
¿Alguna vez has reflexionado en la hoja de vida de María? ¿Qué requisitos debía cumplir para que Dios la escogiera de entre todas para llevar en su vientre a su hijo y además para educar a quien sería nuestro Salvador?
Sin duda alguna, el Espíritu Santo diseñó y ejecutó esa hoja de vida, y María fue un instrumento que se dejó guiar en todo momento por Dios. Lo notamos desde el mismo momento en que el ángel visita a María para darle la noticia de su vida, ella respondió: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador. Porque ha visto la bajeza de su sierva; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones” (registrado en Lucas 1:46–48).
La educación y formación de la mente del Niño más admirable de todos los tiempos, debió requerir una detallada planeación. Para cumplir la delicada misión de salvar a todos los hombres del pecado y revelarles el amor del Padre, requería la más exigente selección de quien lo cuidaría y a quien llamaría Madre.
“De tal palo, tal astilla” es una frase que se usa para expresar que heredamos o imitamos conductas de aquellos con los que convivimos y la Biblia dice que “Jesús crecía en sabiduría, estatura y gracia, para con Dios y para con los hombres”; toda su vida reflejó el espíritu del cielo, servicio abnegado de amor abnegado y alegre sumisión a la voluntad divina… ¿En qué escuela se adquiere tal formación?
Por alguna razón, la Biblia no revela la historia previa de María, pero desde el primer momento en que la menciona, se deja saber que es “muy favorecida”: “Salve, muy favorecida. El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres… has hallado gracia delante de Dios”, a lo que María respondió: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra”.

En pocos versículos podemos entender que su carácter estaba moldeado por Dios y que ella estaba dispuesta a entregarse a la voluntad divina. Lo mismo se observa en reiteradas ocasiones con Jesús, “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34); “No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30); “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38); “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
Sin duda, como todas las madres con sus hijos, María fue la primera maestra de Jesús. Ella sabía para qué estaba preparando a Jesús y cuidó detalladamente que él conociera la voluntad divina; pero además, que se sometiera y ejecutara esa voluntad de Dios. A lo largo de su vida Cristo fue sometido a evaluaciones, tales como: la tentación, la pobreza y la adversidad… A la edad de doce años, cuando se perdió, los doctores de la ley con quienes conversó en el templo, quedaron maravillados por su inteligencia.
La evaluación final de Cristo consistió en el acto que nos dio salvación a todos, cuando Cristo se convirtió en el redentor del mundo. Sin duda, una vida en la que la frase “hágase conmigo conforme a tu palabra” estuvo reflejada en todo momento.
Referencias:
- “El diseño curricular de María” publicado originalmente en la Revista Logos, por Greisy de Murillo.






