Cuando estamos de compras en las tiendas, comúnmente vemos ofertas, descuentos y precios que nos encantan. Esta invitación a la compra a un precio menor, nos orilla a tomar la decisión de comprar o no ese producto que nos gustó y que está en oferta. Pero en muchas ocasiones, cuando nos dirigimos a pagar, nos detenemos nuevamente a preguntarnos ¿realmente necesito esto en mi vida?

Estar con Dios y hacerlo parte de nuestra vida es algo similar. Encontramos en Él una “oferta” grandiosa que nosotros podemos elegir aceptar o rechazar rotundamente. Aceptar la oferta es estar dispuestos a caminar con Dios pero, ¿podemos caminar con Dios si no estamos de acuerdo con Él? (Amós 3:3)

En la reflexión del martes por la noche, el pastor Miguel Patiño nos llevó de viaje por la Biblia, a través de los diversos pactos que Dios le ofreció a sus apartados. En ese estudio, podemos darnos cuenta de que Dios siempre hace una oferta personal y que, gracias a ella, otras personas pueden beneficiarse también o salir afectadas. Por un lado en Génesis, vemos el ejemplo de cómo nuestros primeros padres decidieron quebrantar el primer pacto. Después, Dios presenta la oferta a Noé y extiende las posibilidades para todo un pueblo; sin embargo, ellos deciden rechazarla también. Como consecuencia, prefieren perderse bajo las aguas. Más adelante, Abram es testigo de otro pacto personal, Dios da una oferta millonaria: ser una nación grande, fructífera y llena de bendición. No obstante, muchas veces nos sentimos receptivos a aceptar el pacto que el Padre Celestial nos ofrece, por los errores que cometimos en el pasado. Para eso, podemos seguir el ejemplo de Abram, quien solo tuvo que aceptar y salir de su hogar para dejarse guiar por Dios.

Cuando hacemos un pacto con Dios, nos damos cuenta que el resultado es ser un instrumento de bendición, no sólo para nuestra experiencia personal, sino también para quienes nos rodean. A cambio, Dios nos pide obediencia y fidelidad. Analicemos a continuación qué elementos componen un pacto hecho por Dios: 1) En primer lugar, es algo que Dios ofrece a quienes ha apartado; 2) En segundo lugar, existe la posibilidad de ser rechazado o aceptado; 3) Y, finalmente, implica un momento de purificación en el agua.

En este recorrido por la Biblia, el pastor nos enseñó cómo en cada uno de los casos mencionados anteriormente, el pacto implica obediencia y purificación en las aguas, ya sea en el mar o en un río, así como Jesús mismo lo hizo. Iniciar un pacto con Dios nos pone ante un escenario de cambios y decisiones, donde nos preparamos a purificar nuestra vida de errores, estamos dispuestos a pedir perdón, suplicar para que todo lo que no está bien quede atrás, sepultado hasta el fondo del mar; y ahí, sumergidos bajo el agua, aceptamos ser apartados y transformados por Dios por medio del bautismo.

La misma invitación que nos hizo el pastor anoche, la queremos extender por este medio: Decide hoy iniciar tu pacto con Dios, o bien, decide hoy renovar tu pacto con Dios. Aceptar esta invitación es estar dispuestos a relacionarnos con Dios, a caminar juntos y decir ¡SEÑOR, YO QUIERO HACER UN PACTO CONTIGO!

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