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Un corazón que entienda y una vida transformada por la sabiduría de Dios

La historia de Salomón nos enseña que la verdadera sabiduría no busca éxito ni poder, sino un corazón guiado por Dios y dispuesto a escuchar su voz.

Fotografía de Freepik.
Fotografía de Freepik.

¿Qué es lo que realmente importa? La respuesta parece sencilla, pero no lo es. Al intentar responder, solemos pensar en los deseos de nuestro corazón o en nuestras necesidades inmediatas. Riqueza, influencia, poder… El mundo nos ha hecho creer que para tener valor debemos poseer mucho dinero, ocupar puestos altos o ser admirados. Sin embargo, esa no es la medida de lo que verdaderamente importa.

En el relato bíblico de 1 de Reyes 3, Salomón enfrenta un choque de realidad. Al convertirse en rey de Israel, descubre que su papel no se trata del glamour ni de los privilegios del trono. Comprende que su verdadera responsabilidad es guiar al pueblo y velar por su bienestar.

Frente a la magnitud de la tarea, se siente pequeño. Y cuando Dios le da la oportunidad de pedir cualquier cosa, él no pidió riquezas ni fama, sino sabiduría. Un corazón que entienda.

¿Por qué pedir sabiduría? ¿Para qué tener un corazón entendido?
La Biblia nos ofrece la respuesta. En Jeremías 17:9 se nos recuerda: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”.

Nuestros deseos pueden ser inestables y egoístas, no siempre nos llevan por el camino correcto. Por eso, Salomón pidió discernimiento, la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo.

¿Cómo podemos obtener esa sabiduría?
El mismo Salomón responde en Proverbios 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová…”. No hay decisión más sabia que entregar nuestro corazón a Dios. Él promete que si lo buscamos sinceramente, lo hallaremos “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13)

No dejemos que la autosuficiencia nos distraiga del propósito verdadero.
Hoy, busquemos a Dios con todo el corazón, y Él nos dará el entendimiento necesario para vivir con propósito y justicia.

“Concede, pues, a tu siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo, pues ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”
(1 Reyes 3:9)

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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