Volver a Dios con la enseñanza bíblica de Débora y Barac
La historia en Jueces 4 revela cómo superar el orgullo y encontrar fortaleza en Dios en tiempos difíciles.
No hay sensación más desconcertante que sentirse perdido en un lugar conocido.
A veces creemos ser muy inteligentes, hábiles y autosuficientes cuando todo marcha bien. En esos momentos olvidamos que la “paz” y la “seguridad” que disfrutamos costaron esfuerzo, decisiones difíciles y, sobre todo, la guía de Dios.
Pero cuando sentimos esa estabilidad, dejamos de hacer lo que antes nos sostenía. Dejamos a Dios a un lado y creemos que podemos dominarnos solos. Lo duro es darnos cuenta de que incluso haciendo las cosas correctas, pero mecánicamente, podemos estar perdidos. Nos alejamos de Dios, aun estando en Su presencia.
En Jueces 4, Israel había sido conquistado por un rey cananeo. Sorprende que el pueblo tardó 20 años en clamar a Dios por liberación. Débora, quien lideraba en ese tiempo, llamó a Barac para recordarle las promesas divinas. Ella lo animó a enfrentar al enemigo con su ejército.
Barac, con miedo, pidió que Débora fuera con él. Y así fue. Juntos obtuvieron la victoria.
La pregunta es, ¿por qué esperaron tanto para clamar a Jehová? La respuesta está en el orgullo, la autosuficiencia y la conformidad. Muchas veces enfrentamos las crisis con nuestras propias fuerzas y nos conformamos con pequeñas “victorias” que solo generan una falsa seguridad.
¡Cuántas tragedias podríamos evitar si reconociéramos que toda plenitud, paz y tranquilidad vienen de Dios! Sin Él, nada podemos sostener.
Jamás descuidemos nuestra relación con Dios. Porque solo en Él encontramos la paz verdadera, la fuerza para enfrentar cualquier batalla y la libertad que nuestro corazón anhela.
Que la historia de Israel nos recuerde hoy que nunca es tarde para clamar al Señor, pero tampoco debemos esperar a tocar fondo para hacerlo. Volvamos a Él cada día, en lo pequeño y en lo grande, y descubriremos que con Dios siempre habrá victoria.
Editora: Brenda Cerón y Laura Marrero.






