¿Por qué camino se reparte la luz…?
El 16 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Luz, establecido por la UNESCO.

¿Dónde está el camino hacia el lugar en que mora la luz?(1), fue una de las insondables preguntas que Dios le hizo a Job cuando trataba de hacer entender, al confundido y atribulado patriarca, que Él está al control de todo lo que ocurre, no solo en nuestra vida, sino también en la tierra y mucho más allá, en la vastedad del universo. La energía luminosa fue también el primer tipo de energía que Dios utilizó cuando decidió establecer en este planeta las condiciones para la vida basada en el carbono.
Desde tiempos muy antiguos, la naturaleza de la luz ha sido un misterio para el ser humano. Sin embargo, fue hasta alrededor del siglo XVII cuando las dos grandes teorías sobre la naturaleza de la luz comenzaron a ser analizadas por reconocidos científicos. Uno de ellos fue Isaac Newton, el gran físico inglés, que en su obra científica, Opticks, estableció su teoría corpuscular de la luz. En ella, argumentaba que la luz estaba compuesta por minúsculas partículas sin masa llamadas corpúsculos que, emitidos por los cuerpos luminosos, se desplazaban en línea recta a velocidades tan altas que eran capaces de atravesar cuerpos transparentes, por lo cual era posible ver a través de ellos. En contraste, según esta teoría, los cuerpos opacos hacen que los corpúsculos reboten en su superficie, por lo que nuestros ojos no pueden ver a través de ellos. Newton estudió también los fenómenos de refracción, reflexión y dispersión de la luz que tienen muchas aplicaciones en diversas ramas de la ciencia moderna.
Otros científicos como Christian Huygens (holandés) y Robert Hooke (inglés), argumentaban a favor de la llamada teoría ondulatoria de la luz, según la cual, la luz era un fenómeno ondulatorio que se propagaba en un medio material denominado éter. El fenómeno de la visión se producía cuando las vibraciones luminíferas del éter incidían en los ojos. Sin embargo, la ciencia tuvo que esperar hasta que, en los albores del siglo XX, el gran físico alemán Albert Einstein, demostrara experimentalmente que la luz posee ambas naturalezas; es decir, un haz de fotones (partículas de luz) se puede transformar en circunstancias adecuadas en un movimiento ondulatorio. Como resultado, hoy la comunidad científica acepta la naturaleza corpuscular-ondulatoria no sólo de la luz, sino de todo el espectro electromagnético.
El Sol es la fuente primaria de las energías luminosa y calorífica que, al incidir sobre nuestro planeta y convertirse en otros tipos de energía, hace posible la existencia de ciclos como el del agua y el CO2 (entre muchos más) y procesos como la fotosíntesis que, en conjunto, hacen posible la vida en este pequeño punto azul en la inmensidad espacial.

Entonces, no es exagerado decir que vivimos por la luz que recibimos del Sol, por eso creo que la UNESCO hizo algo muy significativo al establecer el 16 de mayo como el Día Internacional de la Luz. Esta fecha se estableció basados en que fue el 16 de mayo de 1960, cuando el ingeniero estadounidense Theodore Maiman realizó la primera operación exitosa del LÁSER, que es, por decirlo de algún manera, un tipo especial de luz, con múltiples aplicaciones en la vida moderna, desde la astronomía y la metalurgia, hasta la medicina y la enseñanza.
¿Por qué camino se reparte la luz?(2) volvió a preguntar Dios a Job, quien por supuesto, no tenía ni las ganas para responder ni el conocimiento para hacerlo, como tampoco lo tenemos ahora. Sin embargo, si tenemos la oportunidad de conocer a Aquél de quien el salmista dice “…Te has revestido de gloria y majestad, Eres el que se viste de luz como con un manto”(3). Es decir, Dios mismo es una fuente de luz física, pero más importante aún, Él es también una fuente de luz espiritual que puede alumbrar tu vida, no importa cuán densa sea la oscuridad que te rodea.
Referencias:
(1) Santa Biblia: La Biblia Textual, Segunda Edición. (1999). (Job 38:19). Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.
(2) Santa Biblia: La Biblia Textual, Segunda Edición. (1999). (Job 38:24). Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.
(3) Santa Biblia: La Biblia Textual, Segunda Edición. (1999). (Sal 104:1–2). Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.






