¿Qué podemos aprender del Centurión Romano?
En la Biblia encontramos la historia de este hombre. Conoce qué podemos aprender de él para enfrentar los desafíos de nuestra vida.
Vamos a imaginar que se nos encarga un proyecto del cual no somos expertos. Yo soy músico, por lo tanto, usaré el ejemplo de la construcción de una casa; lo único que sé sobre este tema es que una construcción lleva ladrillos y cemento. ¡Qué complicado sería lograrlo! ¿No lo crees? En la biblia encontramos la historia de un hombre que pasó por una situación similar, un centurión romano que tenía que ver cómo ayudar a su siervo enfermo.
Según se describe a este centurión en Lucas 7:1–10, era un hombre bueno, sensible a las necesidades de un pueblo conquistado (incluso les había construido una sinagoga) y tenía buena amistad con los líderes religiosos judíos. Sin embargo, a pesar de todos estos puntos a su favor, él no podía hacer nada para ayudar a restablecer la salud de su siervo… ese era el “proyecto” que tenía enfrente y del cual no sabía nada.
De esta historia, quiero rescatar y compartir contigo 4 lecciones que podrían ayudarte cuando enfrentes un desafío que crees imposible:
1. Reconocer mis fortalezas: El centurión romano estaba muy consciente del poder y las habilidades que poseía. Tanto era así, que las usaba para el bien de la comunidad. Era líder nato y había escalado con bastante éxito la pirámide social.
2. Reconocer mis limitaciones: Así como es importante reconocer nuestras fortalezas, también debemos reconocer nuestras limitaciones. Esto nos hace humildes para pedir ayuda y, al reconocer las virtudes de los demás, podemos finalmente resolver nuestra necesidad.
3. Ser proactivo para resolver: Una vez que se presenta alguna situación adversa, una actitud de resolver desencadena posibilidades de solución. Posiblemente no todo funcione a la primera, pero una actitud proactiva tendrá más oportunidad de resolver que una actitud pasiva.
4. Reconocer el poder divino: La confianza en Dios no nos exenta del esfuerzo y empeño que debemos de ejercer para resolver un problema o desarrollar un proyecto. Pero como seres humanos, podemos tener limitaciones que otras personas tampoco puedan resolver, por lo que reconocer el poder divino es como entrar en sociedad con Dios y permitirle obrar en nuestras vidas, en las cosas que son inalcanzables para nosotros.
En Lucas 7: 6 y 7 leemos: “…el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano.”
Cuando Jesús escuchó la declaración de este centurión, hizo una pausa para asegurarse que todos los presentes la habían escuchado. Si yo hubiera estado en esa situación, posiblemente hubiera comparado el poder de Jesús con la conducción de mi coro, como cuando les pido que canten más suave y ellos lo hacen o cuando doy la indicación de “entrada” y ellos comienzan a cantar.
El centurión reconocía el poder de Jesús a tal grado que quiso entrar en sociedad con Él. Este hombre sabía de lo que era capaz, conocía sus limitaciones, tuvo iniciativa de resolver y entonces se asoció con Cristo para resolver su problema. ¡Esa es la fórmula perfecta para la solución de cualquier problema!
¿No deberíamos todos querer entrar en sociedad con Cristo? No importa la situación en la que estemos, asociarnos con Cristo siempre será la mejor opción. Así seamos expertos en la situación y especialmente cuando nos sentimos incapaces, Cristo nos ayudará a resolver cualquier desafío de nuestra vida.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






