UM
Conectando

Jacob y la lucha con Dios en medio del miedo y la ansiedad

Qué enseña Génesis 32 sobre el temor, el control y la dependencia de Dios.

Imagen de Freepik.
Imagen de Freepik.

Génesis 32 presenta uno de los momentos más intensos y humanos en la vida de Jacob: un encuentro con Dios en medio del miedo, la incertidumbre y la tensión emocional. Este pasaje no solo relata un episodio extraordinario, sino que también revela cómo, incluso cuando todo parece estar a nuestro favor, el temor puede dominarnos… y cómo es precisamente ahí donde Dios obra de manera más profunda.

Esta porción de la Biblia ha sido muy significativa para mí, y creo que lo seguirá siendo por el tiempo que me reste en esta tierra. Las circunstancias en las cuales Jacob demandó la bendición de Dios fueron verdaderamente retadoras. Por ejemplo:

  • Estaba dejando la casa donde había vivido los últimos 20 años.
  • Tenía la promesa de Dios de una gran descendencia.
  • Poseía muchos bienes materiales.
  • Gozaba de buena salud y fortaleza física. ¡Peleó toda una noche!
  • Y aun con todo eso, estaba completamente dominado por el miedo…

Es interesante cómo el miedo te paraliza, bloquea el flujo de pensamiento y hace que te concentres únicamente en aquello que lo provoca. A pesar de todas las ventajas aparentes que tenía Jacob, lo único en lo que podía pensar era en su hermano, en lo que le hizo y lo que este podría hacerle ahora.

Jacob diseñó estrategias para tratar de calmar el enojo de su hermano e incluso buscó la manera de proteger sus bienes en caso de un ataque. Y en medio de todo esto, Dios se le presenta… y comienza a luchar con él.

Se me figura que Dios, al verlo desesperado, inquieto y ansioso, quiso confrontarlo de una manera distinta, llevándolo al límite hasta que pudiera reconocerlo plenamente. ¿No deberíamos hacer lo mismo?

Uno de los mayores beneficios de luchar con Dios es que no hay disfraces ni pretensiones. Cuando peleamos con Dios mostramos nuestra verdadera cara, y solo entonces permitimos que Él trabaje en la raíz de nuestros problemas, en lugar de quedarnos poniendo “curitas”.

“No te voy a dejar hasta que me bendigas” es una oración que he usado muchas veces a lo largo de mi vida, y puedo testificar que funciona… siempre y cuando no andemos con rodeos ni aparentando lo que no somos. Luchar con Dios solo funciona si nos presentamos tal como somos.

“Y dijo: —Déjame, porque raya el alba. Jacob le respondió: —No te dejaré, si no me bendices.” (Génesis 32:26).

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
Ver más