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¿Por qué haces lo que haces?

Un sentido de misión heredado por los clubes.

El tema de las competencias profesionales es hoy indispensable en el argot del mercado laboral.

Cuando escucho al respecto, no puedo dejar de pensar en que estas competencias responden al menos a 3 niveles de análisis profesional.

  1. Lo que se hace (conocimientos y bases teóricas que explican la acción)
  2. El cómo se hace (técnicas y metodologías que ejecutan la acción)
  3. El por qué se hace (visión amplia que justifica y da sentido a la acción)

Durante mucho tiempo, las competencias se han pensado sobre todo en los dos primeros niveles mencionados. Sin embargo, hoy en día el reconocimiento de la importancia del tercer nivel es exponencial. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es el sentido de la intervención laboral?

Cuando llevamos nuestras habilidades y capacidades a este nivel de análisis, todo se transforma. El problema es que desarrollar el propósito de nuestras acciones no es tarea sencilla, la profundidad de la cuestión esquiva la mera formación académica y apunta a las interpretaciones que tenemos de la realidad que experimentamos.

Hace algunos días me pidieron que escribiera este texto, exponiendo las competencias que pude aprender o desarrollar gracias a los clubes juveniles.

Empiezo por decir que los clubes juveniles son una de las cosas más maravillosas que me han pasado en la vida. No creo que requieran más defensa y promoción que las vivencias que hereda a quienes nos involucramos.

Foto de Pulso Estudiantil
Foto de Pulso Estudiantil

Continúo diciendo que me resulta imposible determinar las competencias que pude aprender o desarrollar en ellos, pero que no me queda duda de que -en formación- fueron fundamentales en el desarrollo del tercer nivel de análisis de competencias: el sentido de todo lo que hago en mi vida. Lo aprendido en esa escuela de vida ha influido de forma transversal todos mis “qués” y mis “cómos” profesionales. La belleza del tercer nivel es que determina los otros dos niveles sin importar tu área de ejercicio profesional. El conocimiento, la teoría, las técnicas, las metodologías… todo se transforma cuando mi labor surge de un sentido cargado de propósito, cuando surge de una identidad misional.

Tú puedes recibir cursos de liderazgo, comunicación, trabajo en equipo y muchos más. No dudo que aprenderás técnicas, herramientas y metodologías. No dudo que te llenarás de conocimiento. No niego que, incluso, en esos cursos te expondrán a ejercicios experimentales donde se trata de emular esas interpretaciones de realidad que dotan de sentido a cualquier competencia laboral. Pero, ¿cuánto te gusta que puedas “tallerear” estas experiencias en algún curso ejecutivo? ¿2 horas? ¿4? ¿20? ¿100?

Estoy orgulloso de haber pasado 4 años en aventureros, 6 en conquistadores, 2 en guías mayores y 10 como directivo de clubes juveniles. La formación con la que uno crece en este ambiente es irremplazable. Los beneficios son incalculables.

Termino por decir que estamos frente a una gran oportunidad. Por un lado, vivimos en un mundo que se desarrolla con una conciencia creciente respecto a problemas contemporáneos como la desigualdad, la injusticia social, la violencia y la crisis medioambiental. Por otro lado, nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido tantos profesionales invirtiendo su tiempo y esfuerzo en la solución de problemas que afectan a tantos de tan diversas formas. La mesa está puesta, ¿nuestras competencias serán suficientes?

Enoc Mojica

Autor
Egresado de la Escuela Preparatoria "Ignacio Carrillo Franco" y amigo de la institución.
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