UM
Conectando

Cuando el semestre no termina como esperabas

¿Lo diste todo y sientes que no fue suficiente? Esta palabra de aliento es para ti.

Imagen de Freepik
Imagen de Freepik

El semestre está por terminar. Para algunos, los resultados son motivo de alegría: metas alcanzadas, materias aprobadas, experiencias nuevas vividas con gratitud. Pero para otros — y quizás más de los que imaginamos — este cierre llega con un sabor agridulce. La nota que no alcanzó, el proyecto que no salió como se esperaba, los planes que se desviaron o el cansancio emocional que no se puede ignorar.

Y es que no siempre todo sale como lo planeamos. A veces nos esforzamos, oramos, damos lo mejor… y aun así las cosas no resultan como esperábamos. En esos momentos, es fácil dudar de nosotros mismos. Incluso, algunos llegan a pensar: “¿Dónde estuvo Dios en esto?”

Pero, ¿y si Dios también está presente en esos momentos? ¿Y si incluso en los tropiezos y los “no lo logré”, hay algo que Él quiere enseñarnos o recordarnos?

La Biblia está llena de personas que enfrentaron fracasos aparentes: Pedro negó a Jesús, Moisés no entró a la Tierra Prometida, Elías pidió morir de tanta angustia. Sin embargo, Dios no los desechó. Los restauró, les habló con ternura, y les dio nuevos propósitos. El valor de sus vidas no se definió por un error, sino por el amor fiel de un Dios que no abandona.

En medio de la frustración, podemos recordar la promesa de 2 Corintios 12:9: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” No es en nuestras victorias donde más brilla el poder de Dios, sino en los momentos donde reconocemos que no podemos solos, que necesitamos Su consuelo, Su dirección, y Su abrazo.

Tal vez este semestre no fue como esperabas, pero eso no invalida todo lo que creciste. Cada lucha enfrentada, cada intento valiente, cada noche de desvelo con una oración en los labios, tiene valor. Dios vio todo eso. Y más aún: Él sigue creyendo en ti.

Así que si sientes que fallaste, recuerda que la gracia no se agota cuando llegan los errores. Dios no te pide perfección; te pide un corazón dispuesto. “Aunque caiga, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano” (Salmos 37:24).

Este fin de semestre, abracemos la esperanza. No porque todo salió bien, sino porque sabemos en quién hemos confiado. Y en Sus manos, incluso los finales que duelen pueden ser el principio de algo nuevo.

Editora: Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
Ver más