Todos tenemos algún familiar que ha tenido problemas con la vesícula o incluso que se la han tenido que extraer quirúrgicamente; pero aún así, para la mayoría de las personas que no tienen conocimiento médico o anatómico, puede resultar difícil entender la función y la ubicación de este pequeño órgano.

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La vesícula es una pequeña bolsa localizada del lado derecho de nuestro abdomen, justo por debajo del hígado. Esta bolsa trabaja en conjunto con una parte del intestino que se llama duodeno y con el hígado. La función principal de la vesícula es la de almacenamiento.

Dentro de las sustancias que produce el hígado, la bilis es una de las más importantes. Sin embargo, el hígado no cuenta en su interior con un lugar donde almacenarlo, por lo que la excreta hacia esta pequeña bolsa llamada vesícula; de ahí deriva su “apellido” y la conocemos como vesícula biliar.

La vesícula biliar tiene una forma ovoide (como una pera acostada) y su tamaño oscila entre los 5 y 8 cm, pero cuenta con la capacidad de hacerse más grande y llegar a almacenar hasta 50 mililitros de bilis. La bilis es una sustancia que se requiere para ayudar a procesar de manera adecuada los alimentos en el proceso de la digestión, principalmente cuando se consumen alimentos altos en grasas, como los alimentos de origen animal o comidas con gran cantidad de aceites vegetales.

Además, la vesícula tiene un pequeño conducto que asemeja un popote, el cual se inserta en el duodeno, la porción del intestino posterior al estómago. Al momento de que los alimentos ricos en grasa ingresan al duodeno, la bilis se mezcla junto con ellos para facilitar la digestión y la absorción de estos alimentos. En personas cuya dieta está basada en alimentos ricos en grasa, existirá una mayor producción de bilis.

En ocasiones, la vesícula no se vacía a totalidad con cada comida alta en grasa, lo que provoca que dentro de esa “bolsa”, la bilis se vaya decantando; es decir, depositando en el fondo. Al depósito de la bilis en el fondo de la vesícula se le conoce como lodo biliar. Este lodo, tiene la capacidad de formar piedras, conocido en términos médicos como “litos”. Cuando existen piedras dentro de la vesícula, se corre el riesgo de que al querer excretar bilis a través del conducto o “popote”, una de estas piedras se aloje en este conducto, obstaculizando el vaciamiento de la vesícula y perdiendo la función de descomponer alimentos ricos en grasa. A medida que la bilis se siga produciendo y mientras exista una piedra que tape la salida de la bilis, habrá molestias y dolor en la persona.

Por otro lado, el hígado seguirá produciendo bilis, independientemente de si la vesícula se vacía o no, por lo que llegará el momento en el que la vesícula pierda la capacidad de almacenar esta sustancia y corra el riesgo incluso de romperse. Tener una dieta balanceada y rica en alimentos bajos en grasa es una de las maneras más sencillas de evitar que esto pase.

El mejor estudio para saber si tienes una vesícula sana es el ultrasonido de abdomen, si tienes alguna molestia o quieres conocer tu estado salud, siempre será recomendable acudir al médico especialista.