Llevando sanidad física y espiritual a través de la Terapia Física y Rehabilitación
Conoce a Mariel Dávila, coordinadora de esta carrera en la UM.
“Me encanta ver la cara del alumno cuando descubre el conocimiento, es una cosa que disfruto mucho. Soy muy exigente, no tolero la deshonestidad académica, porque creo que como docente, uno prepara a sus alumnos para ayudar a otros y hay que salir muy bien preparados. Me encanta compartir con los alumnos las experiencias de aprendizaje, ellos me enseñan mucho más de lo que yo les enseño. Como docente, creo que puedo dar lo que conozco, enseñarles las experiencias y juntos aprender más; porque no tengo todo aprendido, ni todo por vivir, las generaciones están constantemente enseñándonos”.
Mariel Dávila estudió la primaria en la época de la dictadura militar argentina, cuando todo era sumamente estricto; cuando entraba la maestra al salón, todos los alumnos tenían que ponerse de pie a un lado del mesabanco, levantar el brazo, decir la canción a la bandera y saludar. Aunque esos años fueron difíciles, ella recuerda con mucho cariño a sus maestras de primaria: “Fueron maestras excepcionales que nos enseñaron con amor, pusieron tanto amor y tanta dedicación que lograron que me enamorara de la profesión. Desde ese momento, yo quise ser maestra, porque la verdad tuve muy buenos mentores”.
A pesar de la seguridad de Mariel sobre ser maestra, su padre no se lo permitió, así que eligió una carrera del área de la salud y fue así como estudió la licenciatura en Kinesiología y Fisiatría, en su país natal. Sin embargo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una amiga adventista que le habló del amor de Dios y, con el paso del tiempo, decidió servir fielmente a Dios con su profesión.

“Disfruto mucho las ocurrencias de nuestros estudiantes, los jóvenes son súper ocurrentes, ven la vida con una frescura y una inocencia que nos ayuda a nosotros a volver a ver con esos ojos, ya que uno ve con más prejuicios o con más estructuras; el joven ve las cosas con una perspectiva positiva, con una productividad que a uno no se le hubiese ocurrido, de tal forma que te refresca la vista. Con ellos uno no envejece, estar con jóvenes es el elixir de la juventud eterna”, mencionó en la entrevista.
Cuando vivió en España, tuvo la experiencia de trabajar en un Psiquiátrico y, aunque al principio no le hacía sentido trabajar ahí, logró aprender mucho: “Me animé a trabajar allí, me puse a estudiar psiquiatría y me fascinó eso de seguirle la corriente a alguien que no está en la realidad y la creatividad que tienes que usar para conducirlos al movimiento, que es lo que hacemos nosotros. Allí me di cuenta que de médico y de loco, todos tenemos un poco; esa experiencia me hizo ver la vida de otra manera y, a la vez, a interesarme en las necesidades del prójimo y ser muy sensible”.
Aunque siempre quiso ser docente, Mariel nunca pudo trabajar en esa área pues su carrera se dirige hacia la sanidad y, cuando estudió, no existía en la Universidad Adventista del Plata la carrera de Terapia Física. “Pero Dios sabía que yo quería ser docente y gestó los planes, porque fuimos varios los que aplicamos al puesto de coordinación de la carrera de Terapia Física mediante la convocatoria. Yo envié todos los documentos que me pedían en migración y, un día, estando en España, recibí la llamada de la encargada de migración de los empleados UM. Ella me dijo: -Esto es un llamado especial de Dios, porque en los años que tengo de traer extranjeros, nunca vi un trámite que se hiciera tan rápido como el vuestro, así que si tenías dudas para venir, te llamo para decirte que Dios te está diciendo que es aquí-. Así que no había más que preguntar, porque Dios ya había respondido mis oraciones y, en dos meses, ya tenía todos los papeles de mi familia y míos para venir a trabajar a la Universidad de Montemorelos”.
La maestra mencionó que su trabajo en la institución le ha enseñado a ser más tolerante con las personas por la diversidad de edades, culturas y formas de pensar. También ha aprendido a superar retos que se construyen paso a paso y a trabajar en equipo, siendo ella la líder.
En la entrevista, Mariel dijo cuál es su mayor desafío con los jóvenes: “Pienso que el mayor desafío es que el joven entienda qué es respetar… En este momento el valor del respeto está desdibujado, está perdido; que uno sea un compañero cercano se confunde, no sos el colega, no sos el compañero, sos el maestro, y los maestros deben saber respetar a los alumnos para que ellos puedan respetarnos también. Sólo así ellos comprenderán de qué se trata el respeto”.
La familia de la maestra está conformada por su esposo, una hija de 16 años, un hijo de 12 años y por su madre. En sus tiempos libres, disfruta dedicarle tiempo a un huerto que tiene en casa, observar las aves y pintar.






