Rocío Vásquez transforma su vocación periodística a través del colportaje
La estudiante salvadoreña de Comunicación y Medios sostiene sus estudios en la Universidad de Montemorelos mientras fortalece su fe, liderazgo y sentido de misión.
Rocío siempre quiso ser periodista. “A los siete años jugaba a entrevistar personas”, recuerda. Pero su camino hacia ese sueño no empezó en una redacción ni en un aula, sino vendiendo libros, tocando puertas y aprendiendo a confiar en que cada conversación podía cambiar una vida… incluida la suya.
Su historia comenzó en El Salvador, en Rosario de Mora, de donde es originaria; un lugar sencillo que ella recuerda con cariño, incluso por “unas pupusas muy ricas”. Creció en una familia trabajadora. Su papá, pintor automotriz y su mamá, modista. La fe siempre estuvo presente en su vida. “Soy adventista de tercera generación… desde pequeña crecí escuchando sobre Dios y su voluntad”. Pero junto a esa formación espiritual, también creció con el sueño de ser periodista.

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Una joven transformada por el servicio y la fe.
Ese sueño la llevó a estudiar Periodismo en una universidad de El Salvador, donde cursó seis semestres. Sin embargo, durante la pandemia, en medio de clases en línea y nuevas conexiones, escuchó por primera vez sobre la Universidad de Montemorelos. No la conocía personalmente, pero algo dentro de ella se encendió. “Yo dije: ‘quiero ir ahí’”. Aunque su plan era terminar su carrera y después estudiar Psicología, la vida comenzó a tomar otro rumbo cuando se le presentó la oportunidad inesperada de colportar.
Todo empezó como una simple inquietud. “Yo quería experimentar qué se siente vender un libro”. Se acercó a una editorial adventista, recibió apoyo y comenzó con una pequeña maleta de libros. Salió a las calles, a escuelas y a iglesias, incluso de otras denominaciones. Y entonces se encontró con una experiencia transformadora. En su primer mes logró vender 700 dólares, pero lo que realmente la marcó fue entender el impacto de su labor. “Me motivaba saber que, a través de un libro, alguien podía conocer a Jesús”. Entonces, una idea empezó a tomar forma… “si me va bien vendiendo libros, puedo pagar mi carrera”.
Esa decisión no fue fácil. Implicaba salir de su país, sostenerse por sí misma y confiar en algo que apenas comenzaba. Su mamá, al inicio, no estuvo de acuerdo. El temor era comprensible. Pero Rocío tenía claro que no quería que fuera solo una decisión impulsiva. “Yo sentía el deseo de venir, pero quería la certeza de que era la voluntad de Dios”. Así que comenzó a orar. La confirmación llegó a través de un pastor, quien al escuchar su historia le mostró que esa idea venía de Dios y sería de bendición para su vida y su familia. Ese momento marcó un antes y un después.

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El colportaje como herramienta de crecimiento e impulso para estudiar Psicología Clínica.
A partir de ahí, las cosas comenzaron a alinearse de maneras inesperadas. Uno de los episodios más significativos ocurrió con un sacerdote de otra denominación que solía comprarle libros. Al conocer su propósito, decidió apoyarla de una forma sorprendente: “en las últimas semanas antes de venir, él mismo se ofreció a pagarme el boleto”. Otras personas también se sumaron. Ese respaldo no solo hizo posible el viaje, sino que también dio tranquilidad a sus padres, quienes poco a poco comenzaron a ver que el camino de su hija tenía un propósito mayor.
Rocío, antes de viajar ya era emprendedora. Vendía ropa y buscaba distintas maneras de generar ingresos. “Mi meta era no ser una carga para mis papás”. Quería demostrar que su decisión no solo era un sueño, sino un proyecto con dirección y fe. Así fue como finalmente llegó a la Universidad de Montemorelos.
Hoy, después de casi cuatro años, su historia sigue construyéndose. Ha regresado pocas veces a El Salvador, pero ha recorrido distintos estados de México con el colportaje. Tamaulipas, Yucatán, Ciudad de México, Veracruz, Puebla, Morelos e Hidalgo. Esta experiencia no solo le ha permitido sostener sus estudios, sino que la ha formado en liderazgo y carácter. Ha coordinado campañas, trabajado con equipos y enfrentado retos que han fortalecido su visión.
Sin embargo, no todo ha sido sencillo. Uno de los desafíos más grandes ha sido mantener la fe en medio de las exigencias, la presión social y los cambios propios de esta etapa. “Puede sonar extraño, porque estamos en una universidad donde se habla mucho de la fe, pero a veces es complicado”. Lo dice con honestidad, reconociendo que las dudas y las luchas también forman parte del proceso. Aun así, ha aprendido a ver esas dificultades desde otra perspectiva: “es en nuestra debilidad donde Dios muestra su poder”.
Hoy, Rocío no solo estudia Comunicación y Medios; también está redescubriendo la misión de Dios para su vida. Le apasiona crear contenido, dirigir proyectos y combinar el periodismo con lo audiovisual. Ha tenido iniciativas en redes sociales y recientemente participó en la grabación de un documental en Costa Rica, una experiencia que la llevó a reflexionar sobre su futuro. “Me hizo pensar en cómo quiero usar lo que sé para servir a otros”.
Si algo define su historia, es la fe que la ha sostenido en cada etapa. Incluso ahora, mientras emprende nuevos proyectos sin tener todos los recursos, mantiene la misma convicción con la que comenzó. “Confío en que Dios proveerá”. Y hay una frase que resume su camino, una certeza que la acompaña desde el inicio y que sigue marcando su rumbo: “Jehová cumplirá su propósito en mí”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






