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Cómo el colportaje ayuda a Estrella a pagar su carrera en la Universidad de Montemorelos

Descubre la historia real de una joven oaxaqueña que, con fe, perseverancia y libros en mano, ha financiado sus estudios universitarios y transformado su vida mientras comparte esperanza.

Estrella colportando en unos ranchitos lejos de la ciudad, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Fotografía cortesía de Estrella Reyes.
Estrella colportando en unos ranchitos lejos de la ciudad, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Fotografía cortesía de Estrella Reyes.

Originaria de Oaxaca, Estrella tenía claro desde pequeña que quería dedicarse a la música y trabajar con niños. “La música siempre estuvo en mi corazón, pero también quería enseñar. Pensé en estudiar para maestra de preescolar, pero lo que realmente me movía era tocar vidas a través del arte”, cuenta. Buscar una universidad adventista que ofreciera la carrera de Música la llevó a la Universidad de Montemorelos, aunque el mayor desafío apenas comenzaba: pagar la universidad.

Tocar puertas… y crecer

“Fue un pastor amigo quien me habló por primera vez del colportaje. Yo no sabía exactamente cómo funcionaba, pero decidí probar. Y sin saberlo, estaba por entrar en una experiencia que cambiaría mi vida”, recuerda.

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Madre e hija enfrentan desafíos con confianza en Dios y ven su provisión a través del colportaje y la educación.

Colportó por primera vez a distancia, en pandemia, vendiendo entre sus conocidos. Luego fue parte del Proyecto Monterrey, donde vivió los desafíos más duros, desde dormir en condiciones precarias hasta enfrentar el rechazo de cientos de personas. “Había días en los que no vendía nada, y me sentaba a llorar con mis compañeras. Pero también nos animábamos entre todas. Eso me enseñó que el colportaje no es solo vender libros… es un proceso de fe, de comunidad y de crecimiento”.

Colportores en Tierra Nueva, Chiapas,  diciembre 2023. Fotografía cortesía de Estrella Reyes. 
Colportores en Tierra Nueva, Chiapas, diciembre 2023. Fotografía cortesía de Estrella Reyes. 

Lo más difícil, sin embargo, fue enfrentar su dolor personal mientras tocaba puertas. “Mi abuelo falleció poco antes de que viniera a Monterrey. Yo estaba muy dolida, pensaba en dejar todo. Pero entendí que si me quedaba en casa, solo me hundiría más. El colportaje me ayudó a sanar. Me dio propósito cuando sentía que ya no tenía fuerza para seguir”.

No solo una forma de pagar la universidad

A lo largo de estos tres años, Estrella no ha dejado de colportar. Proyecto tras proyecto, ha logrado pagar sus estudios casi por completo con lo que gana al tocar puertas, más algunas becas y el apoyo ocasional de su familia. Ha trabajado en Monterrey, Tabasco y este verano en Colima, con cada experiencia marcando su carácter. “Ha habido veranos muy difíciles. En Tabasco me desmayé y convulsioné por deshidratación… pero aun así, Dios proveyó y logré juntar lo necesario. Esas experiencias, definitivamente me han hecho más fuerte en todo sentido”.

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Con el paso del tiempo, descubrió que el colportaje no solo cubre sus necesidades económicas, sino que le ha permitido romper con la timidez que la acompañó durante años. “Yo era muy tímida. Me daba miedo hablar, tocar puertas. Hoy doy pláticas en hospitales y empresas. El colportaje me ha enseñado a hablar con personas, a adaptarme, a confiar”.

También le ha mostrado que los planes humanos a veces no alcanzan, pero Dios sí. En un momento de crisis en el que ya no podía seguir en el internado y pensó en dejar la universidad, una maestra le abrió las puertas de su casa, y con eso, una nueva oportunidad para continuar.

De izquierda a derecha, Estrella Reyes (Música); Jefté Torres, (Ciencias Naturales); Adrian Palestina (Teología); Damaris Pascacio (Medicina); Judith Miguel (Nutrición) y Jaquelin Hernández (Jaquelin Hernández), Colportando en Teapa, Tabasco, verano 2024. Fotografía cortesía de Estrella Reyes.
De izquierda a derecha, Estrella Reyes (Música); Jefté Torres, (Ciencias Naturales); Adrian Palestina (Teología); Damaris Pascacio (Medicina); Judith Miguel (Nutrición) y Jaquelin Hernández (Jaquelin Hernández), Colportando en Teapa, Tabasco, verano 2024. Fotografía cortesía de Estrella Reyes.

“He aprendido a no angustiarme por lo que no tengo. Antes no había terminado ni un semestre y ya me estresaba por cómo iba a pagar el siguiente. Ahora sé que si me esfuerzo, Dios proveerá. Siempre lo ha hecho”.

Un mensaje claro: sí se puede

Estrella no idealiza el colportaje, pero lo valora profundamente. “No es fácil, no es como que uno sale y le llueve el dinero. Pero si uno se esfuerza, si uno sale con fe y trabaja, Dios recompensa. El colportaje me ha formado espiritual, profesional y emocionalmente”.

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Isabel y Manuel dejaron atrás su hogar en Chiapas para acompañar a sus hijos en su camino hacia una educación basada en principios eternos.

Su sueño es enseñar música a niños, especialmente en espacios donde más se necesita esperanza. “Quisiera hacerlo en una escuela pública, donde los niños necesitan una influencia positiva. También me gustaría abrir una academia para niños pequeños y con capacidades diferentes”.

Y si algún joven duda si estudiar o no por falta de recursos, Estrella tiene una respuesta firme:
“Sí se puede. No es fácil, pero sí se puede. Dios siempre responde. A veces en el último momento, pero responde. Y el colportaje es un camino real, posible y transformador. Lo digo por experiencia”.

  Reportera de campo: Lisandra Vicente.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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