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Es como un parpadeo

La fe adventista redefine la muerte con esperanza.

Fotografía por Freepik.
Fotografía por Freepik.

En México, el Día de los Muertos se llena de color, recuerdos y homenajes a quienes partieron, pero ¿y si la muerte fuera solo una pausa en un viaje hacia algo mayor? Para los adventistas, la muerte no es un final oscuro ni una despedida definitiva, sino un momento de descanso en espera de la mayor promesa que es una vida eterna junto a Jesús. Más allá del misterio y la despedida, esta fe ofrece una esperanza viva, que transforma la tristeza en expectativa y el dolor en una paz profunda, aguardando un reencuentro sin igual.

La perspectiva adventista desafía el enfoque común de la muerte como un final desconocido. En Eclesiastés 9:5, la Biblia dice: “los muertos nada saben”, señalando que aquellos que descansan no sienten, no sufren, y no vagan por el mundo. Al contrario, están en paz, esperando el regreso de Cristo y la promesa de resurrección. En lugar de temer al “más allá”, los adventistas encuentran consuelo en la certeza de que los seres queridos que partieron, aquellos que confiaron en Jesús, serán despertados para una vida sin dolor ni lágrimas.

Para los adventistas, recordar a los seres queridos no es un acto de tristeza ni de pérdida, sino de esperanza. La promesa de la resurrección brinda fuerza y consuelo, como una luz que disipa la oscuridad del duelo. Cada año, esta fe se reafirma en medio de un mundo que con frecuencia ve la muerte con miedo y misterio. El mensaje adventista proclama algo diferente: la muerte solo nos prepara para una celebración mayor, una vida plena en la eternidad.

Imaginar la muerte como un “descanso” da una paz única y profunda. La espera de la resurrección es una certeza que llena de alegría la despedida y da valor para enfrentar el presente. Es como cerrar los ojos un momento y abrirlos de nuevo para ver el rostro de Jesús, y cuando eso suceda, será un reencuentro sin igual, en el que ya no habrá llanto, ni tristeza, ni despedidas.

Esta promesa de vida eterna cambia por completo la visión de la muerte, transformándola en un preámbulo de lo que realmente vale la pena. Para quienes enfrentan el duelo, para quienes se preguntan qué hay más allá, la fe adventista ofrece una invitación especial en esta época del año: vivir con la esperanza en la resurrección y compartir la paz de saber que la muerte no es el final. Al recordar a nuestros seres queridos, también recordamos que el mejor tributo que podemos ofrecerles es una vida de fe en la promesa de Jesús y en el reencuentro que nos espera.

Editora: Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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