Apartados por Dios. Como sabemos, así se titula esta semana de oración impartida por el pastor Miguel Patiño. Hasta ahora hemos aprendido que tenemos un Dios constante, un Dios que, si le entregamos todo y tenemos una relación estrecha con Él, Él se asegurará de que nunca nos falte del “agua de vida”. También sabemos que, para lograr tener ese tipo de relación, es necesario que le conozcamos bien; pero para poder conocerle bien, debemos de pasar tiempo con Dios. Sabemos que fuimos apartados por Él con amor para ser su pueblo y, si aceptamos, a lo largo del camino Él nunca nos abandonará.

Pero ¿qué pasa entonces cuando aún sabiendo todo esto, los apartados por Él como tú y yo, se equivocan y pecan? Para responder esto, en la predicación de anoche, el pastor decidió hablarnos de la historia del Rey David.

Seguramente conoces la historia de David. David derrotó a un gigante con tan solo su honda, una piedra y la ayuda de Dios. David era tan solo un joven, un pastor de ovejas y el menor de sus hermanos, cuando Dios lo eligió y lo apartó para ser el próximo rey de Israel; porque Dios, a diferencia de los hombres, miró su corazón (1 Samuel 16:7). Y desde ese momento en adelante, Dios no se apartó del lado de David, “Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue”, (2 Samuel 8:14, RVR1960) llevándolo a ser uno de los personajes más famosos de la biblia.

David fue apartado por Dios, pero eso no impidió que se equivocara y pecara. No podemos contar la historia de David sin contar la historia de su pecado. David codició, cometió adulterio, mintió y asesinó, y tal vez nos podemos preguntar ¿por qué está esa historia en la biblia? o, ¿por qué entonces es David diferente a Caín o Satanás mismo? La diferencia es que David se arrepintió. David se dio cuenta del error que había cometido, reconoció que se había apartado de Dios y pidió perdón por sus pecados.

El pastor nos invitó a reflexionar en nuestras vidas y en los errores y pecados que nosotros hemos cometido. Tal vez nuestros pecados no han sido como los de David, pero si tú en tu corazón sabes que hay algo que estás haciendo mal, no debes de preocuparte por ocultarlo o por tu reputación porque, al final de cuentas, Dios conoce tu carácter y no hay nada que no esté abierto ante los ojos de quien tenemos que dar cuenta (Hebreos 4:13, RVR1960).

Muchas veces nuestros esfuerzos por tratar de ser hijos de Dios ejemplares o perfectos son inútiles, esos esfuerzos pueden ser nobles y no tiene nada de malo tratar de agradar a Dios con nuestras acciones o nuestro comportamiento; sin embargo, Dios nos ama sin importar el pecado o nuestros esfuerzos. Así que, si tú has cometido un pecado como David y has transgredido la ley de Dios con tus prácticas o tus pensamientos, debes saber que Dios no se ha equivocado. Dios no se equivocó con David y no se equivocó contigo ni conmigo. No somos justos ni perfectos, pero por medio de Jesús que murió en la cruz, si nos arrepentimos y pedimos perdón, podemos obtener de su justicia y su amor para llegar a ser en un futuro perfectos como Él.


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