Cómo dejar la necedad y rendir el control a Dios según la Biblia
1 Samuel 6 y Hechos 26 enseñan por qué insistir en controlar todo nos aleja de la voluntad de Dios.
¿Te ha pasado que están metidos en un problema, no encuentran cómo solucionarlo y, aun así, no quieren “perder” el control de la situación? Muy pocos sentimientos son peores que darse cuenta de lo necios que podemos llegar a ser. La única vacuna contra la necedad es que Dios ponga en nuestro corazón la humildad para soltar. No estamos hechos con una inclinación natural a la humildad; por el contrario, somos orgullosos y soberbios. Nos gusta pretender que tenemos el control, nos gusta echar culpas y, muchas veces, lo último que pensamos es humillarnos ante Dios y dejar que Él obre.
En el relato bíblico de 1 Samuel 6 se nos cuenta que los filisteos ya no saben qué hacer con el Arca del Pacto. Han venido plaga tras plaga y no han podido hacerles frente. Cambiarla de ciudad no ha funcionado y, finalmente, piden consejo. La recomendación es clara: “¿Por qué siguen de necios como los egipcios?”. Queriendo decir: ya saben que al Dios de Israel no se le puede hacer frente, ¿por qué siguen tratando?, ¿por qué siguen siendo necios?
Pablo es un ejemplo claro de la necedad humana. Él, pensando que estaba haciendo “bien”, tuvo que recibir una intervención divina para que se le mostrara lo necio que era.
“Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 26:14).
Pablo pensaba que estaba haciendo lo correcto; pensaba que le estaba “sirviendo” a Dios. Yo no sé si sus intenciones eran totalmente puras, pero Dios consideró necesario llamarle la atención para que sus esfuerzos estuvieran bien dirigidos y dejara su necedad.
¿Qué no puedo soltar? ¿Por qué insisto en solucionar situaciones que están por encima de mis capacidades? ¿Por qué soy así de necio?
La única manera de dejar la necedad es entregar mi voluntad a Dios. No es fácil, pero es la única manera.
“¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y el faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir y se fueron?” (1 Samuel 6:6).
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






