La gracia divina: poder para vencer en la vida
La gracia de Dios no solo nos da acceso a la vida eterna, sino que también nos capacita para vivir victoriosamente en el presente, según el mensaje del evangelio y la Biblia.
Por mucho tiempo, yo entendía la gracia divina como un regalo para salvación, pero nunca la relacionaba con una ayuda para vivir rectamente aquí en la tierra. Ahora sé que la gracia de Dios tiene que ver tanto con el acceso a la vida eterna como con la vida terrenal victoriosa.
Para entender esto tenemos que saber que, en primer lugar, nacemos en pecado, y esto quiere decir que nadie puede salvarse por sus propios méritos ¡es imposible! Necesitamos un salvoconducto, una cláusula que especifique que, a pesar de ser pecadores, somos candidatos a la vida eterna. Este salvoconducto es Cristo Jesús. Su muerte sustituyó la nuestra, un regalo inmerecido y adquirido solo por el amor de Dios hacia su creación. A este regalo se le llama gracia. Y esto era lo que yo entendía como gracia, pero estaba incompleto.
Entonces, aunado a esto, también tenemos la gracia como un habilitador para vencer al pecado en nuestra vida terrenal. Esto quiere decir que aun siendo pecadores de nacimiento, inclinados al mal, hay manera de subyugar nuestra naturaleza pecaminosa y como dice Romanos 8:37, “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”
Esto quiere decir que vencer al pecado es posible solo por gracia de Dios, solo Él nos puede otorgar las herramientas y establecer las condiciones que nos habiliten para morir al pecado y vivir en Cristo.
Ahora, debemos tomar en cuenta que, siendo que seguimos siendo humanos e imperfectos, nos vamos a equivocar, y por eso Dios hace provisión de gracia más abundante que el pecado mismo. Entonces, ¿Cómo alcanzamos la victoria? Aquí algunas ideas:
- Identifica el pecado: De acuerdo a nuestras experiencias e información adquirida, todos vamos construyendo nuestra definición de bueno y malo. Para poder descubrir el pecado y sabiendo que el pecado se deriva del conflicto cósmico entre el bien y el mal, la única fuente de información fidedigna para definir el pecado es la fuente que describe ese conflicto, es decir, la Biblia. El pecado no se define en consenso de opiniones, el pecado se define a partir de la Biblia.
- Toma acción: No todos tenemos las mismas inclinaciones al mal, todos pecamos, pero pecamos diferente. Ya que identificamos nuestras debilidades, debemos querer erradicarlas de nuestra vida, este proceso lo hace Cristo, si se lo permitimos: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer…” (Filipenses 2:13) ¡Esto es gracia!
- Sin comparaciones: Cada quien camina su propio camino con Dios. Todos tenemos nuestras luchas y no necesitamos juicios de los que nos rodean, sino más bien ocupamos oraciones. La comunidad de creyentes no se estableció para emitir juicio ni compararnos, somos una familia para apoyarnos y orar los unos por los otros.
La gracia de Cristo es un regalo para todos, otorgada para esta vida y la venidera. Aceptémosla y vivamos cada día en su poder, confiando en que Él nos capacita para vencer y caminar en su amor, tanto en esta vida como en la eternidad.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






