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Y tú, ¿cómo terminas el año?

Reflexionar en lo vivido con una actitud de agradecimiento brinda múltiples beneficios a nuestra salud física y mental.

Foto: Comunicación Institucional
Foto: Comunicación Institucional

La raíz de todo bien crece en la tierra de la gratitud. -Dalai Lama

El ciclo de los 365 días del año está próximo a terminar y con ellos se hace presente la necesidad de evaluar las diversas situaciones por las que pasamos en dicho periodo. Esta evaluación es un rasgo fundamental en los seres humanos, ya que somos seres con una gran tendencia a reflexionar, recapitular y evaluar nuestras experiencias a la luz de expectativas socialmente construidas.

Por lo tanto, no es de extrañar que, al repensar en las experiencias vividas, un posible sentimiento de insatisfacción crezca por encima de algún sentimiento de logro por aquellos objetivos bien ejecutados durante el año. Y es que, socialmente, las exigencias son cada vez mayores y a la vez se idealizan muchos de los procesos por los que las personas quisieran vivir y que no se encuentran al alcance de todos, por las condiciones generales de las sociedades modernas.

Poseer títulos académicos, propiedades, reconocimiento, cambios físicos, relaciones sentimentales, viajes por el mundo, son algunos de los ejemplos que consideramos como relevantes para considerar que nuestra existencia está teniendo un rumbo y crecimiento aceptables; sin embargo, no todos podemos ir en la misma dirección ni tampoco accedemos a las mismas oportunidades de la forma en que muchos pensarían.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Será que al darnos cuenta de que no alcanzamos nuestras propias expectativas en este año, no tenemos condiciones para mostrarnos con una actitud de agradecimiento por aquello que sí tenemos?

La gratitud es un sentimiento, un reconocimiento de nuestro presente y una de las mejores virtudes que el ser humano puede cultivar. No es algo que se alcance cuando todas las expectativas están cubiertas, sino que es una actitud que se construye continuamente sobre aquello que reconocemos de valor en nuestras vidas, ya sea el resultado del esfuerzo individual o colectivo.

Foto: Pulso Estudiantil
Foto: Pulso Estudiantil

Mantener una actitud de agradecimiento ayuda a que las demás habilidades blandas, tan predicadas desde los campos de la educación y la psicología, puedan fortalecerse con un sentido proactivo en las acciones de mejora continua que tanto necesitamos en el trato cotidiano entre las personas.

Agradecer o mantenerse agradecido no solo es una resignación y aceptación por acceder a la mera existencia, sino también la posibilidad de reconocer que se puede contar con herramientas que otros no tienen en un momento determinado y, que al tener ese privilegio, las debemos emplear en la transformación de los espacios inmediatos para beneficiar a las personas que nos rodean.

Hay que mencionar que practicar el hábito de la gratitud tiene grandes beneficios en la salud individual como el aumento de la autoestima, mejora la calidad del sueño, reduce síntomas como dolores o malestares, además de fortalecer nuestra resiliencia.

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Ojalá que, al término de este año, al enfrentar nuestras propias evaluaciones, podamos reconocer ampliamente aquellos momentos en los que fuimos beneficiados por las acciones de los demás y por la voluntad divina que obra siempre en nuestro favor. Este ejercicio permitirá que podamos generar un espíritu de gratitud y de buena voluntad hacia el nuevo año que se abre ante nosotros.

Mario Vázquez

Autor
Músico y sociólogo. Se desempeña como docente en las escuelas de Música y Educación en la Universidad de Montemorelos.
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