El mensajero humilde
Transmitiendo el evangelio con empatía y conexión divina.
Es una realidad que cuando tenemos preconceptos de lo que queremos escuchar, muy difícilmente estamos receptivos a nueva información. Al vivir en comunidades y no aislados, tenemos que estar abiertos a las diferentes propuestas y opiniones de cada persona. La libertad de pensamiento y opinión es muy importante para la salud de cualquier comunidad.
Cuando Pablo y Bernabé viajaron para compartir el evangelio, como lo relata la Biblia, en el libro de Hechos capítulo 13, llegaron primeramente a las sinagogas judías con sus “hermanos”. Fueron recibidos cordialmente porque se les había dado prioridad. Pero una vez que los judíos se dieron cuenta que el discurso de estos misioneros no era exclusivo para ellos, sino que también compartirían la información con gentiles, se enojaron y los expulsaron de la ciudad. Suponiendo que se ofendieron porque se les dijo que no recibieron a Jesús (aunque leían la profecía de Él todos los sábados, aunque en realidad sí recibieron el mensaje) no es justificativo para querer acaparar toda la atención y no quererla compartir.
El desánimo es un enemigo latente que ronda a las personas que tienen bien clara la misión que están cumpliendo. Es muy importante aferrarse a la visión que se ha creado a partir de la misión que se debe cumplir. Esto no es fácil y mucho menos si se tiene información que, aunque es cierta, las personas no la quieren escuchar. Por eso es muy importante la frase “llenos del Espíritu Santo”. El fundamento de nuestra creencia es tan importante, como el mensaje mismo. Sería demasiado inocente creer que el mensaje que compartimos es el único mensaje disponible o incluso que es el más atractivo. ¡No lo es!
Se nos ha confiado una misión que, para cumplirla, hay ciertos requisitos muy importantes. Los requisitos no son por apariencia, género, nivel económico, nacionalidad, etc. Los requisitos son: humildad, recepción, sensibilidad, empatía, etc. Pero el requisito más importante es estar dispuesto a estar conectados con la fuente que es Cristo Jesús. Este mensaje del evangelio eterno no es un mensaje popular, no es un mensaje de entretenimiento, más bien es un mensaje que incomoda, por eso debemos darlo con la mayor empatía posible, pero debe ser fiel. Estar conectados a la fuente, que es Cristo Jesús, significa que la gracia, tanto para darlo como para recibirlo, es obra exclusiva del Espíritu Santo, y solo con su poder es que podremos seguirlo dando, a pesar del rechazo. Por eso el requisito de estar conectado con la fuente, que es Cristo Jesús, porque de Él es el mensaje y nosotros solo somos los mensajeros.
El compromiso de compartir el mensaje de salvación es en medida a nuestra propia experiencia de salvación. No podemos ser testigos de algo que no hemos experimentado, y esta experiencia debe ser diaria.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






