¿El momento más especial del día?
Conoce la importancia del culto familiar y algunas recomendaciones para su planeación.
El estudio de la Biblia, tanto personal como en grupo, es fundamental para quienes estamos en una constante lucha por desarrollar nuestra vida espiritual y tener una comunión con Dios más profunda. Sin embargo, lograr cultivar este hábito no siempre es fácil en medio de los afanes diarios y menos si se tienen hijos pequeños o adolescentes en casa, por lo que una buena manera de apoyar este propósito es realizar el “culto familiar”; un momento diario de alabanza, oración y reflexión de pasajes de la Biblia junto a los miembros de la familia, cuyo propósito es fortalecer la vida espiritual de todos y fomentar el interés por el estudio de la Palabra de Dios.
“Dedicándole [los padres] algo de atención y cuidadosa preparación, cuando nos presentamos ante la presencia de Dios, el culto familiar puede ser agradable y estará lleno de resultados que únicamente revelará la eternidad.” (EGW, Conducción del niño, p. 494)
En este mismo libro, la escritora Elena G. de White menciona que no solo debemos predicar sobre nuestras creencias, sino que nuestros cónyuges e hijos deben ver que somos congruentes entre lo que decimos creer y lo que hacemos cada día. Además, da algunos consejos para que el culto familiar no sea tedioso ni monótono y resalta la importancia de que ambos padres estén involucrados en el liderazgo de la vida espiritual, para transmitir en los hijos el gusto por los momentos de comunión con Dios.
Si no sabes cómo empezar o cómo debería ser un culto familiar, aquí te dejo algunas recomendaciones que podrían ayudarte a hacer de este el momento más especial del día:
- Establece una hora y duración fijas. Una manera de que los miembros de la familia den la importancia debida a este momento es elegir un horario en el que todos coincidan y mantener esta actividad como una prioridad a la hora de planear las otras actividades diarias. La duración también debe ser planeada desde el inicio para facilitar su organización.
- Priorizar calidad a cantidad. En su libro La Educación, White recomienda que los cultos sean “breves pero llenos de vida” y, en Conducción del niño, dice: “Elija el padre una porción de las Escrituras que sea interesante y fácil de entender; serán suficientes unos pocos versículos para dar una lección que pueda ser estudiada y practicada durante el día. Se pueden hacer algunas preguntas o presentarse a manera de ilustración unas pocas, serias e interesantes observaciones, cortas y al punto.” No debemos enfocarnos en cubrir demasiado contenido, sino más bien en analizar profundamente la porción de la Biblia que elijamos para ese día. Es importante utilizar palabras sencillas a la hora de contar las historias bíblicas para que todos -hasta los más pequeños- puedan entenderlas.
- Incluir oraciones y cantos cortos. El canto y la oración son muy importantes en la adoración, pero esto no significa que tengamos que hacerlo durante horas: “Por lo menos debieran cantarse unas pocas estrofas de un himno animado, y la oración debe elevarse corta y al punto” (EGW, Conducción del niño, p. 494). Es bueno dar oportunidad a los más pequeños a que elijan sus coritos favoritos y si son himnos más largos, cantar 1 o 2 estrofas. Lo importante es preparar nuestro espíritu para ser más receptivos al estudio de la Biblia.
- Dar oportunidad para que los miembros de la familia utilicen sus talentos. Si alguno toca un instrumento, es el momento para que acompañe los cantos e incluso tenga una alabanza especial. Si a otro le gusta declamar, que aprenda y recite algunas poesías cuando sea apropiado. Esto los ayudará a sentirse motivados y parte de este momento tan especial. Si los hijos son más grandes, pueden organizarse para que ciertos días de la semana les toque a ellos planear y dirigir el programa incluyendo actividades que a ellos les parezcan interesantes.
- Ser creativos en la planeación del culto familiar. Para lograr que los cultos no sean repetitivos, se requiere de planeación por parte de los padres para organizar los programas con tiempo; en el libro La Educación, la autora White dice que esto requerirá esfuerzo, atención y sacrificio, pero que valdrá la pena. También se pueden utilizar algunos juegos bíblicos en los que se refuercen ciertos conocimientos, adivinar historias de personajes mientras se representan con mímicas, etc. Por otro lado, se puede utilizar la experimentación, mediante eventos de la vida real o la exploración de lugares de la naturaleza y aterrizar dicha experiencia en una historia bíblica. Esto colocará al niño en el contexto de la historia y asegurará su aprendizaje. Por ejemplo: Si se visita el mar, contarles la historia de Moisés o, si hay una tormenta, hablarles sobre el Arca de Noé, etc.
Recuerda que lo más importante es separar el tiempo para que, como familia, se dedique este momento a Dios. Y es que es en estos cultos diarios donde nos preparamos para un encuentro semanal con Dios en la iglesia; sin devoción personal o culto diario, ir a la iglesia cada sábado puede llegar a perder su propósito.






