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El decálogo de Dios y su eco en la Constitución Mexicana

Principios bíblicos que atraviesan el origen ético del orden constitucional.

Fotografía de Freepik.
Fotografía de Freepik.

El 5 de febrero no solo marca una fecha histórica para México, sino el nacimiento del marco jurídico que da forma a la vida social, política y económica del país. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada en 1917 y que hoy cumple 109 años, surge de una profunda lucha por la libertad, la justicia y la igualdad social. En su articulado quedaron plasmados principios esenciales en materia educativa, laboral y agraria, con el propósito de reconstruir una nación que buscaba estabilidad tras un periodo de conflicto, y de establecer un nuevo régimen social, económico y político que diera orden y cohesión a la sociedad mexicana.

Pero, ¿Qué relación tiene la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con el Decálogo de Dios? El surgimiento de nuestra Constitución nos recuerda la lucha del pueblo de Israel, liderada por Moisés, para mantener unidos a un pueblo escogido, dentro de los lineamientos de Dios, es así como encontramos en Éxodo 20:20 a Moisés hablando al pueblo de Israel, diciendo: “No teman; porque para probarlos ha venido Dios, y para que su temor esté ante ustedes a fin de que no pequen.” La finalidad del decálogo de Dios fue y continúa siendo, hasta nuestros días, vivir en armonía con Dios y con la sociedad en la cual vivimos. El surgimiento de nuestra Constitución también fue para dar orden a una sociedad inestable económica, política y socialmente.

¿Por qué es importante para una nación implementar un ordenamiento jurídico, como lo es la Constitución? Su existencia es indispensable pues, como señala Mauricio Merino, “sin leyes y sin sociedad no se puede constituir un Estado.” La existencia de nuestra legislación mexicana provee derechos, obligaciones, así como un sistema político. El Estado Mexicano garantiza el respeto y el cumplimiento de estos. “El fin de la Constitución es crear el soporte jurídico de la nación y sostener la concepción que el pueblo tiene de sí mismo, de su sociedad, de su cultura, así como su forma de gobierno, régimen e instituciones”(1).

Nuestra Carta Magna contiene 136 artículos, de los cuales surge toda la legislación mexicana vigente, la cual provee un Estado de Derecho donde su finalidad es el orden, la justicia, el bienestar, así como el bien común para la nación. La Constitución Mexicana surge de antecedentes jurídico-filosóficos y éticos-religiosos, provenientes del Decálogo de Dios en el Antiguo Testamento y estos mandamientos los encontramos insertos en nuestro ordenamiento jurídico. De allí que el Decálogo de Dios está inserto en el derecho positivo mexicano.

¿Qué tan relevante ha sido para el hombre, a través de la historia, conocer los ordenamientos jurídicos? ¿Será que como cristianos nos basta amar a Dios y conducir nuestra vida de forma paralela al amor que le profesamos?

Eugenio Raúl Zaffaroni señala “considerando a los Diez Mandamientos como fuente del derecho, sobre su base se elaboraron los preceptos jurídico-penales y a ese derecho se conoce como derecho penal mosaico”.

Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Sebastián Sasso.
Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Sebastián Sasso.

¿Por qué es importante que el ser humano fundamente las decisiones de su vida en los ordenamientos bíblicos y jurídicos y para qué? Desde el jardín del Edén, la existencia del ser humano ha estado bajo un ordenamiento, donde gozaban de privilegios o derechos, así como de obligaciones. Al violar este ordenamiento, las consecuencias que obtuvieron fueron sanciones no agradables para el hombre en ese momento del comienzo de la historia de la humanidad y que esas decisiones de desobediencia al ordenamiento de Dios han repercutido hasta nuestros días.

¿Qué relación tiene la biblia con nuestras leyes? En el Decálogo de Dios encontramos que los primeros cuatro mandamientos son teológicos, manifiestan la relación con Dios, señalando lo que espera de nosotros. El primer mandamiento señala: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”; el segundo: “No tendrás imágenes ni te arrodillarás ante ellas”; el tercero: “No utilizarás el nombre de Dios en vano” y el cuarto: “Recuerda el día sábado para santificarlo”.

Los primeros mandamientos de la Ley de Dios establecen: “Yo soy tu Dios, el Eterno, Todopoderoso, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses delante de mí” (Éxodo 20:1–2). Así como el segundo y el tercero señalan la soberanía de nuestro Dios y muestran su poder sobre su pueblo, en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en los artículos 39, 40, 41, 49, 50, 80 y 94, determinan la soberanía de la nación mexicana; como un elemento del Estado que además ejerce poder y se constituye por medio del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial.

El cuarto mandamiento: “Recuerda el sábado para santificarlo”, la libertad de reunirnos en adoración a nuestro Dios y para guardar el día sábado, lo encontramos en nuestra Carta Magna en el artículo 9 que determina que “no se puede coartar el derecho de reunirse o asociarse pacíficamente en actividades de origen lícito. El artículo 24 de nuestra Constitución también determina que toda persona tiene libertad de religión, convicciones éticas y morales. El derecho de la libertad religiosa es una prerrogativa que tiene cada ciudadano de asistir libremente y profesar una fe religiosa. El Estado garantiza ese derecho y reconoce que las personas, al ejercer este derecho fundamental, quedan vinculadas a un ordenamiento ético-religioso. La libertad religiosa es un derecho esencial del ser humano, contemplado también en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derecho Humanos de 1948.

Del quinto al décimo mandamiento, establecen las relaciones entre los ciudadanos, creando así un Estado de Derecho. El quinto mandamiento nos señala “honra a tu padre y a tu madre” y continúa diciendo que, si lo hacemos, nuestra vida será prolongada, es una promesa. Este mandamiento es la base de una nación, así como del respeto y de las buenas relaciones familiares, ya que la familia es la base de la sociedad y ésta es un elemento fundamental en la composición del Estado. De este mandamiento se desprende el derecho de familia, el cual se encuentra estipulado en nuestra Ley Fundamental, en su artículo 4 que señala: “Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia”. Al Dios establecer la institución del matrimonio, dio la orden de multiplicarse, conformar una familia. El Código Civil, por su parte, establece que los hijos están obligados a honrar a sus padres y que los cónyuges se deben fidelidad.

Fotografía de Envato.
Fotografía de Envato.

A partir del sexto mandamiento da énfasis al respeto de los derechos de terceros, entre ellos, a la vida; como lo señala: “no matarás”. Está relacionado con la posesión más importante para el ser humano, la existencia misma. La Constitución, en su artículo 17, nos advierte que ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho. El Estado garantiza la prevalencia de la protección del ciudadano al proveer de seguridad y de un ordenamiento que sanciona un acto de esta naturaleza, a efecto de mantener el orden público. El homicidio es un delito contemplado en nuestro Código Penal, el cual -como el resto del ordenamiento jurídico mexicano- emana de nuestra Carta Magna y ésta, a su vez, del decálogo de Dios.

El séptimo mandamiento: “no cometerás adulterio”, nuevamente está relacionado con la familia y el respeto a nuestro prójimo. El Código Penal Federal, antes de la reforma del 2011, contemplaba al adulterio como un delito. Asimismo, recordemos que el acto de matrimonio es un contrato regulado por el ordenamiento civil, el cual contempla cláusulas obligatorias para el buen funcionamiento y armonía del matrimonio, entre ellas la fidelidad entre las partes; dado que el adulterio no es un delito actualmente, sí se deriva en una sanción aún mayor, como lo es el divorcio, como consecuencia de la violación a este contrato matrimonial que es un pacto entre las partes.

El octavo mandamiento: “no robarás”. La prohibición a adjudicarse un bien que pertenezca al prójimo es perjudicar y afectarlo en su propiedad. La Constitución en su artículo 16 señala: “nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. Aún nuestra Ley Fundamental va más allá y, aunque determina que las tierras y las aguas del territorio nacional corresponden originariamente a la nación, el Estado no retiene el uso o dominio de estas, frente a particulares. Nuestra Constitución, en su artículo 27, contempla la propiedad privada, la cual no puede ser adjudicada al Estado, sino mediante un proceso de expropiación, siempre y cuando la propiedad sea para utilidad pública y el propietario de ese bien inmueble obtenga una indemnización. Prevalece la justicia en la gestión de los bienes inmuebles, así como el Estado garantiza el respeto por los bienes, resultado del esfuerzo del trabajo de los hombres.

El noveno mandamiento: “no levantarás falso testimonio en contra de tu prójimo”. La Constitución contempla en su artículo 16 que “nadie puede ser acusado de manera personal sino mediante documento escrito por autoridades competentes”. La difamación, hasta hace unos años, estaba configurada como un delito, actualmente el daño moral es la consecuencia de la difamación y es allí donde una persona puede ser juzgada por el daño ocasionado.

El décimo mandamiento: “no codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”. Nuevamente la relación con la propiedad, con los bienes ajenos.

Foto de Ricardo Esquivel en Pexels
Foto de Ricardo Esquivel en Pexels

¿Será que nuestro Derecho Positivo Mexicano es el único ordenamiento jurídico emanado del Decálogo de Dios? El conocimiento de la Biblia fue determinante para el desarrollo del acta de nacimiento de los Estados Unidos de América: la Declaración de la Independencia. El vínculo existente entre la “Declaración de la Independencia” y la Constitución es crucial. La primera es el “por qué” del gobierno estadounidense, mientras que la segunda es el “cómo”.

“La educación de los colonos y fundadores de Estados Unidos de América fue singularmente cristiana y basada en la Biblia”, ¿por qué la educación era tan importante para los fundadores de ese país? El analfabetismo en el viejo mundo había sido utilizado para impedir que las personas leyeran las Sagradas Escrituras, de allí la importancia de la educación en las reglas de muchas de las primeras universidades fundadas en Estados Unidos de América.

Las Leyes y Estatutos de universidades como Harvard y Yale, manifestaban la importancia de conocer a Dios como el principal fin de la vida de sus estudiantes. La Universidad de Yale contenía dos requisitos en su acta de constitución de 1745: “Todos los estudiosos vivirán vidas religiosas, piadosas e intachables de acuerdo con las reglas de la Palabra de Dios, leyendo diligentemente las Sagradas Escrituras, la fuente de luz y verdad; y constantemente atendiendo a todos los deberes de la religión, tanto en público como en secreto”.

Los Diez Mandamientos es un Código Moral perfecto, contempla ordenamientos para que la humanidad viva en armonía y en fidelidad con nuestro Creador. El Decálogo de Dios ha sido y es el fundamento de las legislaciones de diversas naciones. Sus preceptos contemplan normas de conductas para el ser humano en su relación con Dios y con la sociedad.

¿La obediencia a los ordenamientos o reglamentos ya sean bíblicos o emitidos por las autoridades gubernamentales, está relacionada con lo que somos o con quiénes somos? La inobservancia de los preceptos contemplados en nuestra Constitución genera una sociedad sin Estado de Derecho. El avance de la sociedad mexicana y su prosperidad, ha sido consecuencia del cumplimiento de nuestra LEY FUNDAMENTAL. En la Biblia, encontramos diversos pasajes que muestran la prosperidad del pueblo de Dios cuando fueron fieles en la observancia de los Diez Mandamientos, como Ley Suprema de nuestro Dios.

¡La observancia y el respeto a la Constitución Política, como nuestra Carta Magna y Ley Suprema, es la mejor decisión que puedes hacer, para tener el México que todos deseamos!


Referencias:

(1) https://www.congresozac.gob.mx/

Rocío González

Autor
Abogada y colaboradora de asuntos legales de la Universidad de Montemorelos
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