Cuándo dejamos de leer el libro de la naturaleza
Educación ambiental, desarrollo y responsabilidad humana en el cuidado de la creación.
Hace muchas lunas —aún antes de ellas— el Autor escribió un libro.
Este libro hablaba de amor, de poder, de compañerismo y de servicio; cada personaje cumplía su rol a la perfección.
Todo ser que se sumergía en su lectura conocía a su Autor, encontraba en él sabiduría, asombro, salud y aun sustento. Cada ser era lector y personaje a la vez; contemplaba la obra mientras era parte de ella; hallaba su prosperidad mientras participaba del proceso de prosperidad de los demás.
Algo ocurrió. Su rol mutó hacia uno de autosuficiencia y dominio. Con el tiempo, estos roles cambiaron; al dejar de leer el libro, cambió el rol del personaje… ¿o fue al revés? Al modificar su lugar dentro de la obra, olvidaron cómo leerla y, al hacerlo, la imagen del Autor se volvió difusa, incompleta.
Pareciera la premisa de un libro de fantasía, una obra de ficción. Sin embargo, no es más que una forma poética de hablar de nuestro entorno y la relación que tenemos con él. Con frecuencia, olvidando que es una relación simbiótica, donde nada funciona solo y requiere dar para recibir.
“Los cielos cuentan la gloría de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos…” (Salmo 19:1).
¿Cuándo fue la última vez que viste las estrellas en tu ciudad? ¿Qué tan fácil es en tu vida cotidiana leer este libro?
Antes de que hubiera relojes digitales, el tiempo se medía con el sol, la luna, las mareas. Antes de que se establecieran sistemas económicos o existiera el dinero, el concepto de mayordomía se hacía presente en la forma de administración de nuestro entorno como responsabilidad asignada directamente por Dios.
Poco a poco, y bajo el discurso de “desarrollo”, nos hemos embarcado en una dinámica de vida que, desde su origen, nos aleja de la naturaleza y de su lectura como base de nuestra innovación, en armonía con la fuente de los recursos utilizados en dicho proceso. El conflicto no está en el desarrollo tecnológico en sí, sino en una dinámica de crear por crear, separándonos cada vez más del entorno para el que fuimos creados.
En su libro Límites del crecimiento, Donella Meadows y su equipo señalan que los sistemas, como los que sostienen a nuestro planeta tienen una velocidad de consumo de recursos y que, si esta se sobrepasa, el sistema colapsa. En términos coloquiales: si consumimos los recursos disponibles a una velocidad mayor a la capacidad de recuperarlos, terminaremos comiéndonos el fruto y el árbol. Y una vez exterminada nuestra huerta, la tendencia ha sido ir por la huerta de alguien más.
Esta actitud ha hecho que nuestro estilo de vida y “comodidades” se satisfagan en una dinámica lineal — recurso, transformación, uso, desecho — produciendo basura en cada etapa del proceso. Curiosamente, en la naturaleza el concepto de basura no existe; está estructurado de manera cíclica.
Ellen G. White menciona que “No hay siquiera una hoja del bosque, ni una humilde brizna de hierba que no tenga su utilidad. Cada árbol, arbusto y hoja emite ese elemento de vida, sin el cual no podrían sostenerse ni el hombre ni los animales; y el hombre y el animal, a su vez, sirven a la vida del árbol y del arbusto y de la hoja.” (DTG 12.1).
A finales de los años ochenta se acuñó el término ecofobia para referirse al miedo irracional y rechazo al medio ambiente, experimentado principalmente por niños y jóvenes, como resultado de una visión catastrófica de los cambios en la naturaleza. Por otra parte, el concepto de ecosofía parte de una filosofía de pensamiento que busca la sabiduría para vivir en armonía con el planeta más allá del antropocentrismo. Sobre este tema, Sir David Attenborough dijo: “Si los niños no crecen conociendo la naturaleza y apreciándola, no la entenderán, y si no la entienden, no la protegerán, y si no la protegen, ¿quién lo hará?” (Planet Earth, BBC).
Este 26 de enero, en el Día mundial de la educación ambiental, necesitamos reaprender a leer el libro de la naturaleza, cuidarlo, entenderlo y valorarlo. Y así reencontrarnos con su Autor, Dios.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






