¿El cáncer es hereditario?
Qué tanto influye la genética y qué sí puedes hacer para reducir el riesgo.
Cada vez es más común escuchar la palabra cáncer en conversaciones familiares, consultas médicas o salas de urgencias. Para muchos, este diagnóstico sigue estando rodeado de miedo, incertidumbre y una pregunta que se repite con frecuencia: si alguien en mi familia tuvo cáncer, ¿yo también lo tendré? En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, esta reflexión es más pertinente que nunca.
El cáncer es una enfermedad compleja y multifactorial. Sin embargo, la evidencia científica es clara al mostrar que sólo entre el 5 y el 10 % de los casos están directamente relacionados con mutaciones genéticas hereditarias. El resto —alrededor del 90 a 95 %— se desarrolla a lo largo de la vida y está vinculado con el envejecimiento, el entorno y, sobre todo, con el estilo de vida.
Cuando hablamos de cáncer hereditario, nos referimos a mutaciones específicas que se transmiten de padres a hijos y que aumentan de forma importante el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Estas mutaciones pueden heredarse de uno solo de los progenitores y cada hijo tiene un 50 % de probabilidad de recibirlas. Aun así, tener una predisposición genética no significa que la enfermedad sea inevitable.
En México, el cáncer representa la tercera causa de muerte. Los tipos más frecuentes incluyen cáncer de mama, pulmón, colon y recto, cervicouterino y próstata. Diversos estudios señalan que cerca de un tercio de las muertes por cáncer están asociadas a factores prevenibles como el consumo de tabaco y alcohol, el sobrepeso, una dieta poco saludable, el sedentarismo y la exposición a contaminantes ambientales.
Por esta razón, el enfoque actual no solo se centra en el tratamiento, sino en la prevención y la detección oportuna. Existen pruebas de tamizaje reguladas por las Normas Oficiales Mexicanas que permiten identificar algunos tipos de cáncer en etapas tempranas, incluso antes de que aparezcan síntomas.
En el caso del cáncer cervicouterino, la detección del Virus del Papiloma Humano (VPH) y la citología cervical (Papanicolaou) siguen siendo herramientas clave. Para el cáncer de mama, la mastografía es el estudio estándar para mujeres entre 50 y 69 años, complementada con la exploración clínica y la autoexploración. En los hombres, el cáncer de próstata puede detectarse mediante el antígeno prostático específico y el tacto rectal, especialmente a partir de los 50 años o antes si existen antecedentes familiares.
Estas pruebas están disponibles de manera gratuita en el sistema público de salud y forman parte de las estrategias nacionales de prevención. No obstante, los chequeos médicos, por sí solos, no son suficientes.
Reducir el riesgo de cáncer implica tomar decisiones cotidianas: no fumar, mantener un peso saludable, consumir frutas y verduras con regularidad, realizar actividad física, limitar el consumo de alcohol y protegerse de la exposición excesiva al sol. También es importante considerar la vacunación contra el VPH y la hepatitis B en los grupos indicados, así como disminuir la exposición a contaminantes ambientales siempre que sea posible.
Pensar que el cáncer es únicamente una cuestión de herencia puede llevar a una sensación de inevitabilidad que no es real. En la mayoría de los casos, nuestras decisiones diarias tienen un peso mucho mayor de lo que imaginamos. Cuidar la salud no depende de la suerte, sino de elecciones conscientes y sostenidas en el tiempo.
Tu salud es, en gran medida, tu decisión.
Para este artículo la autora usó como referente al Dr. Pedro García, egresado de la carrera de Médico Cirujano de la Universidad de Montemorelos y especialista en Medicina de Urgencias.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






