¿Cómo confiar en Dios en medio de la tormenta?
Lecciones de Pablo para fortalecer la fe y encontrar paz en tiempos de crisis.
A lo largo de la vida, todos enfrentamos dificultades; es una realidad inevitable para cualquier persona. Sin embargo, también es una constante el amor y el cuidado de Dios. Nada sucede sin que Él lo sepa y lo permita. A veces podemos confundir la voluntad de Dios con lo que Él permite en nuestra vida. Aunque algunas dificultades ocurren con su conocimiento, no es que lo desee para nosotros. También enfrentamos las consecuencias de nuestras propias decisiones, y aunque Dios las permite, no significa que formen parte de su voluntad.
Al reconocer estas dos realidades — las dificultades y el amor de Dios — , nos corresponde decidir cómo enfrentar las tormentas de la vida. Podemos permitir que nos acerquen a Dios y nos ayuden a ver su mano guiadora, o podemos alejarnos de Él al perder la fe y tratar de resolverlo todo por nuestra cuenta.
Las crisis son producto del pecado. Estamos en medio de un conflicto cósmico entre las fuerzas del bien y del mal. En este mundo, las fuerzas del bien (Dios) no son los únicos protagonistas, también están las fuerzas del mal (Satanás) que hacen todo lo posible para alejarnos de Dios y puede desatar crisis con el objetivo de que perdamos la fe y confianza en Dios.
Pero Jesús nos dice: “Les he hablado de estas cosas para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción, pero ¡tengan valor; yo he vencido al mundo!” (Juan 16:33). La batalla ya está ganada, Cristo ya venció. Las tormentas de la vida eventualmente dejarán de ser, tienen fecha de caducidad, y Cristo nos invita a estar de su lado, nos quiere enseñar a confiar en Él y cómo ser más que vencedores aun en las tormentas.
Cuando Pablo viajaba a Roma como prisionero, Dios le había advertido que una gran tormenta se avecinaba (Hechos 27:10). Si los marineros y centuriones hubieran atendido sus palabras, habrían evitado el naufragio. Sin embargo, siguieron adelante y terminaron atrapados en la tormenta. Pablo, además de estar en peligro por la tempestad, era prisionero y estaba siendo juzgado injustamente con acusaciones falsas. A pesar de todo, decidió confiar en Dios.
Esta confianza que tenía Pablo no era una confianza teórica, era una confianza con base en el estudio, oración, reflexión y experiencia que había tenido a lo largo de su ministerio. Así como Pablo, nuestra fe se fortalece cuando involucramos a Dios en cada aspecto de nuestra vida, incluso en los detalles más pequeños.
Pablo tenía la seguridad de que Dios estaba con ellos y por eso daba ánimo a sus acompañantes. Sí, estaban en medio de una tormenta pero aún ahí encontró motivos para agradecer a Dios: todavía tenían pan para comer.
La confianza en Dios es un estilo de vida que conlleva paz. Paz en medio de las tormentas, paz en medio de las crisis, paz en medio de esta batalla cósmica donde sabemos que Cristo ya venció y en Él “…somos más que vencedores…” (Romanos 8:37).
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






