¿Aprovechas las oportunidades?
Debemos estar preparados para detectar las oportunidades que Dios pone frente a nosotros para compartir el evangelio con otras personas.
La historia que se relata en Hechos 8:26–40 es un ejemplo de cómo Dios nos pone oportunidades en nuestra vida diaria y me hace pensar: ¿Cuántas oportunidades habré dejado pasar sólo por no preguntar?
El etíope venía de adorar en Jerusalén y, al parecer, después de sus momentos de adoración tenía más preguntas que respuestas. Venía estudiando el libro de Isaías y me imagino que le daba vueltas y vueltas al mensaje que leía, pero no lograba entenderlo. Por otro lado, Felipe estaba siendo guiado por el Espíritu Santo y en el momento en que vio al etíope, convergieron las dos voluntades: uno de querer entender las escrituras y el otro de querer compartir el evangelio.
Es muy interesante la manera en que todo esto pasó hasta desembocar en el bautismo de este etíope:
1. El etíope quería saber: ¿Cuántas veces hemos sido impresionados por una lectura, un discurso o una conversación que sabemos que es importante, pero no entendemos totalmente? Así estaba nuestro amigo. Tenía una fuerte impresión de que esa lectura era importante, pero no entendía.
2. Felipe tenía una misión: Él estaba siendo guiado por Dios para comunicar el evangelio de Cristo. Iba a ciudades y por los caminos predicando el evangelio, pero no llevaba la misión específica de atender a esta persona en particular.
3. Siempre estar atentos: Las oportunidades que se nos presentan para cumplir con la misión a la que hemos sido llamados, generalmente no serán anunciadas con pompa y trompetas… Detectar las oportunidades que Dios nos concede tiene mucho que ver con nuestra disposición de verlas. (Me asusta este concepto ya que, en retrospectiva, posiblemente he fallado en detectar estas oportunidades).
4. Suplir alguna necesidad: El contacto amistoso que se debe generar con las personas que hemos de interactuar debe ser a partir de una necesidad de la persona y no mía. Esto nunca se tratará de nosotros, de nuestros logros, experiencias, etc. Se trata de la persona y cómo podemos contribuir, y ser usados por Dios para suplir esa necesidad.
5. Estar preparados: ¿Qué hubiera pasado si Felipe le hubiera preguntado al etíope si entendía lo que leía y cuando este contestara que no, Felipe también dijera “pues sabes amigo, yo tampoco entiendo”? Si vamos a incursionar en cumplir una misión, cualquiera que esta sea, debemos saber, esto es lo que le da credibilidad a nuestro discurso.
6. Llevarlo hasta las últimas consecuencias: ¡Cómo me gustaría que tuviéramos la conversación que sostuvieron estas dos personas! Me gustaría tenerla en algún archivo digital pues debe haber sido una conversación sencilla pero muy significativa, tanto que el etíope decidió aceptar el evangelio de Cristo en ese momento y entregar su vida a Él.
Estar comprometidos con la misión de nuestras vidas, dejarse impresionar por el Espíritu Santo y estar preparados, es la combinación que Cristo busca en cada uno de nosotros. Esto se aplica a todos los ámbitos de nuestra vida: familiar, laboral, social, etc. La coherencia de nuestra vida, fundamentada en Dios, abrirá las puertas para el cumplimiento de nuestra misión.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






