Estamos llegando al fin del programa “10 días de oración” que promueve mundialmente la Iglesia Adventista y, en este contexto de oración y reflexión, el Dr. Ismael Castillo (rector de nuestra institución) nos comparte un análisis de ocho “esperanzas” que podemos encontrar a lo largo del Salmo 23.

1. Jehová es mi pastor, nada me faltará. Con esta frase, entramos a una aproximación del perfil de Dios imaginado por el Rey David. Trasladó su relación con las ovejas en sus tiempos de pastor al cuidado de Dios por él mismo. Así como las ovejas son atendidas en sus necesidades por el pastor que cuida de ellas, David también confía que Dios lo atenderá, por eso da una declaración muy contundente: Nada me faltará. Ésta, es la primera esperanza que brota del Salmo 23, porque la elección de Dios como pastor de nuestras vidas es una decisión personal basada en sus preciosas promesas. San Pablo lo expresó desde su experiencia personal y, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Filipos, les aseguró: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:19).

2. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Así brota la segunda esperanza en este Salmo tan amado por los cristianos. Las necesidades de las ovejas han sido captadas por el pastor. Recordemos que David trata de describir el cuidado de Dios basado en el cuidado que él mismo tiene por sus ovejas. Fue el mismo Jesús quien compartió el anuncio de su tierno cuidado. Antes de anunciarlo, señaló muy bien su misión y capacidad de hacer semejante promesa: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mateo 11:27). Entonces el anuncio: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” (Mateo 11:28). En realidad las promesas del tierno cuidado de Dios son una constante, un hilo de oro que recorre todo el registro bíblico sagrado. Así como los delicados pastos y las aguas de reposo, atendiendo las necesidades básicas de las ovejas.

3. Confortará mi alma. Esta sí que es una gran esperanza en estos días tan difíciles, en medio de una terrible pandemia que ha traído tristeza a todo el mundo y desolación a muchos hogares, por la enfermedad y la falta de recursos financieros. Sí, necesitamos un cuerpo con un óptimo sistema inmunológico para hacer frente a la enfermedad, también una actitud mental positiva al realizar todas nuestras actividades, pero es fundamental que la atención física y la mental reciban la fortaleza espiritual. En condiciones tan tristes en las que hemos hecho frente a la muerte (el último de nuestros enemigos como dice la Biblia), hemos orado pidiendo la intervención del Espíritu Santo, el Gran Consolador. Y sabemos que el alma se fortalece y las fuerzas vienen de la comunión con nuestro Dios. “El efecto que tiene esta comunión sobre el cuerpo, la mente y el alma sobrepuja toda estimación.” La Educación, p. 12.

4. Me guiará por sendas de justicia por amor a su nombre. “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:17). “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tenga sed, venga, y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apocalipsis 22:17). Sendas de justicia… desde Génesis hasta el Apocalipsis. Y no se trata de nuestra justicia, no la podemos poner delante porque nos delata como pecadores (ver Isaías 64:6). No podemos vestirnos nosotros mismos, ni con hojas de higuera (Génesis 3:7, 21), ni con nuestro propio vestido de bodas (Mateo 22:11–13). Se trata de ropas que han sido lavadas y emblanquecidas en la sangre del Cordero. (Apocalipsis 7:14). Por eso es importante abrir nuestro entendimiento para dejarnos conducir por el evangelio que se descubre de fe en fe… como dice San Pablo en la Carta a los Romanos “… Mas el justo por la ve vivirá.” (Romanos 1:17). Caminar por sendas de justicia significa una jornada de gratitud y esperanza, porque es el camino construido por Cristo, sí, sólo por Él.

5. Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Hay temas muy importantes que recorren todo el registro sagrado de la Biblia, pero hay uno en especial que es como un hilo de oro de tapa a tapa: El deseo de Dios de estar con nosotros, sus hijos. Un deseo que se ha materializado en iniciativas de salvación. No fueron Adán y Eva a buscar a Dios, fue Dios quien descendió a buscarlos: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día…” (Génesis 3:8). Les dio una promesa de redención, les abrió el futuro en un entorno de pecado y les preparó vestidos de pieles de oveja, asegurándoles así que la túnica sin pecado de Cristo, el Cordero de Dios, cubriría a la humanidad. Así, la iniciativa divina de vestir a la humanidad y estar con nosotros se materializó en Jesús de Nazareth. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). En su oración sacerdotal, después de dar sus últimas instrucciones, Jesús expresó: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo…” (Juan 17:24). Y, al momento de entregar la gran comisión evangélica para ir a todo el mundo, aseguró: “… yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20). Así llegamos hasta la realidad del mundo nuevo: “… He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos…” (Apocalipsis 21:3).

6. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Surge aquí una nueva esperanza en la jornada del pastor y las ovejas. El cuidado, la protección y la conducción que se dejan sentir. Si recordamos que David describe el perfil de Dios en una reflexión de su propia experiencia al cuidado de las ovejas, tenemos aquí los instrumentos del pastor que proveen seguridad a todo el rebaño. ¿Y los instrumentos de Dios? Sabemos que, en la educación de Jesús, su Padre hizo provisión de cuatro libros de texto: “… del trabajo útil, del estudio de las Escrituras y la naturaleza, y de las vicisitudes de la vida…” (La Educación, p. 12). ¿Instrumentos de Dios? ¿Sus providencias para llamar nuestra atención? Algunas veces las llamamos coincidencias, pero ¿no serán acaso los toques de la vara y el cayado? Tenemos la certeza que “Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos.” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 197). ¿Instrumentos de Dios? ¿La disciplina? ¿Cómo cuando Jesús llamó la atención a Pedro? Sí, sin duda, muchas veces Pedro sintió el amoroso toque de la vara y el cayado. En la jornada a la cual nos ha incorporado Dios como sus hijos, pasamos por delicados pastos y por aguas de reposo; también por valles de sombra y de muerte. En este camino, tenemos no solamente la compañía de Dios, sino la seguridad de su conducción.

7. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Mesa preparada… invitación a comer… ¡Qué gran esperanza! Primero el pensamiento más importante: En la comunión con Dios, los enemigos y angustiadores están fuera, no se pueden sentar a la mesa. Jesús la ha preparado, ha vencido a los enemigos y se sienta con sus hijos. Viene a la mente el cuadro de Apocalipsis: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20). Sí, cuando Cristo entra a nuestra vida, Él prepara la mesa y establece una comunión íntima, pero los enemigos y los angustiadores quedan fuera de la fiesta. ¿Recuerdan a Pedro? ¿Sus promesas? ¿Su valentía? ¿Su espada? Y también, ¿su negación? ¿los juramentos? ¿las maldiciones? ¿El canto del gallo? Sí, la Biblia registra que después de esta triste exposición, “… saliendo fuera lloró amargamente.” (Mateo 26:75). Pero, entonces, tenemos el registro del último capítulo de San Juan. El capítulo 21 registra cómo al amanecer, después que sus discípulos habían pasado una noche infructuosa y no tenían nada para comer, Jesús mismo les preparó la mesa y el desayuno… así reintegró a Pedro al grupo. Cuando mi mamá vivía aquí en el campus, a veces me hablaba a la oficina y me decía: “¿No quieres venir a desayunar?” Yo dejaba lo que estaba haciendo y me iba para ser una vez más su hijo. Así es Dios… ¡nos invita!

8. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Otra esperanza… Porque estamos heridos y emocionalmente cortos. Pero como dice San Pablo, escribiendo a los Filipenses: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). He leído que el aceite en la cabeza de las ovejas se utilizaba como repelente para los molestos insectos en la nariz de las ovejas. También para evitar que los carneros se hirieran cuando peleaban y se deban topetazos, pues al enfrentarse las cabezas se deslizaban y no se hacían tanto daño. Y también, con el aceite el pastor atendía las heridas de las ovejas, que en la pradera se herían por diversas razones entre espinas y piedras. ¡Qué ilustración de lo que Dios hace por nosotros! Por eso lo hemos aceptado como nuestro magnífico pastor. Está pendiente de nosotros para atendernos en forma individual. No hay tarea más hermosa que conducir a nuestros jóvenes a un encuentro salvador con Jesucristo y se convierta en un auténtico pastor para ellos. También tenemos la esperanza de una copa rebosando… especialmente ahora, con tantas situaciones difíciles que han drenado nuestro sistema de emociones. Pero todo lo que Dios nos ofrece en su Palabra es abundante, desde que en el mismo Edén anunció una victoria total y aplastante sobre la serpiente (Génesis 3:15), hasta la invitación de las últimas palabras de la Biblia: “… el que tiene sed, venga, y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). Así pues, con mucha esperanza miramos hacia las manos de Dios, para que nos unja con su Espíritu Santo y llene nuestras vidas.