UM
Conectando

Cuando Dios dice que no

Muchas veces, comparamos nuestra vida y relación con Dios con los héroes bíblicos, pero creo que esto es un error. Descubre por qué en este artículo.

Foto de: https://cutt.ly/RbjSU4j
Foto de: https://cutt.ly/RbjSU4j

Desde que somos pequeños, si creciste en un hogar cristiano, se nos exhorta a tener una relación personal con Dios. Se nos cuentan las historias de Dorcas, Moisés, Enoc, Elías, Ester, Ruth, Abraham, Daniel, etc. Y, muchas veces, hasta comparamos nuestra vida y relación con Dios con estos héroes bíblicos; pero creo que esto es un error, por estos dos motivos:

1. Independientemente que la Biblia sí dice que estos personajes fueron grandes personas, también fueron humanos como nosotros y se equivocaron.

2. Nosotros sabemos cómo terminó su historia y, por lo tanto, nos concentramos en su éxito de toda su vida y no del día a día, como lo hacemos con nosotros mismos.

Dicho esto, sin tratar de compararnos, hay muchas lecciones que sí podemos extraer, que son importantes y que, si las sabemos aplicar a nosotros, nos ayudarán mucho en nuestra relación con Dios.

Hoy, quisiera hablar específicamente de Moisés y la relación que tuvo con Dios. Elena de White nos desafía a que nuestra imaginación se apodere del texto y, así, poder extraer lecciones prácticas para nuestras vidas, así que esto es precisamente lo que vamos a hacer.

Se lee así:

En aquel tiempo oré a Jehová y le dije: “Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo o en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte y el Líbano”. Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó, sino que me dijo: “¡Basta!, no me hables más de este asunto”. (Deuteronomio 3:23–26)

Si damos un repaso rápido a la historia de Moisés e incluso leemos los últimos versículos del libro de Deuteronomio, podemos saber que Moisés fue una persona extraordinaria. “Nunca más se levantó un profeta en Israel como Moisés” (Deut. 34:10). Desde su llamamiento, cómo lo usó Dios para sacar a los israelitas de Egipto, ser el líder de ese pueblo tan quejoso, de estar a orillas del Jordán y no poder cruzar a la tierra prometida porque el pueblo de Israel no estaba listo, Jehová lo conoció cara a cara y, por ese error, al herir la piedra, no entró con el pueblo a la tierra prometida.

La confianza que tenía Moisés con Dios era tan grande que la podemos ver representada aquí en los versículos que puse arriba. Déjenme imaginarme esa conversación:

Moisés: Dios mío, todo poderoso, ¿me vas a decir que no puedo pasar a la tierra prometida por ese error que tuve?

Dios: Moisés, ya lo hemos hablado mucho; no es el error, es lo que representa…

Moisés: Pero, hemos pasado tantas cosas juntos ¿recuerdas? Egipto, el Mar Rojo, el maná, ¡hasta te pude ver con mis propios ojos!

Dios: Yo sé, has sido un siervo y líder muy bueno, tan bueno que no se levantará otro como tú.

Moisés: ¡Oh! wow, gracias… Entonces, ¡déjame pasar!

Dios: Moisés, ya deja esto… no vas a pasar.

Moisés: Dios mío, dime ¿qué puedo hacer? y lo haré, solo tienes que decirlo.

Dios: Moisés, ¡Ya basta! No vas a entrar… Esto me duele tanto como a ti.

Moisés: Perdón, no lo volveré a mencionar.

Sabemos cómo acaba esta historia, finalmente Dios se llevó a Moisés al cielo y muchos pueden argumentar que eso fue mucho mejor que entrar a la tierra prometida, pero yo no pienso así. Por supuesto que estar en el cielo es el mejor regalo que se puede recibir, pero quiero escuchar a Moisés contar esa historia cuando estemos en el cielo.

Nuestra relación con Dios no puede ser medida por resultados terrenalmente positivos, nuestra relación con Dios debe poderse ver aún cuando Dios nos dice no. 

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.      

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
Ver más