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¿Se puede comprar al Espíritu Santo?

El Reino de Dios no se gana por méritos propios, es un regalo que Dios nos da y a cambio solo podemos entregarle nuestro corazón.

Foto: Envato Elements
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Cuando Jesús caminó esta Tierra, dejó muy en claro que su Reino no es de este mundo.

“Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.” (Juan 18:36)

Esto es fácil de entender, pero muy difícil de poner en práctica. Es fácil porque siempre hemos oído, leído y sabido que Dios está en el cielo, que Jesús resucitó y fue al cielo; por lo tanto, su Reino está “allá arriba”. Así es como lo entendemos, pero no esta idea no es totalmente correcta. El Reino de Dios está en el corazón de cada persona que lo quiera aceptar y no obedece a ninguna circunstancia que provee este mundo. Lo único que conecta el Reino de Dios -el evangelio- con este mundo, es el corazón de la persona que lo recibe voluntariamente. Cuando uno, voluntariamente acepta el Reino de Dios en su corazón, debe regirse por la “constitución” de este Reino (el discurso de Cristo en Mateo 5 al 7 “El sermón del monte” explica la constitución del Reino de Dios).

En Hechos 8:4–25, leemos que cuando los discípulos se enteraron del éxito que tuvo la predicación del evangelio en Samaria, por medio de Felipe, quisieron ir a este lugar para imponer sus manos sobre los nuevos creyentes y que recibieran al Espíritu Santo.

Había una persona que por mucho tiempo había practicado “magia” en ese lugar, era una persona reconocida, escuchada y respetada, pero cuando la ciudad aceptó el evangelio pasaron dos cosas:

1. Él aceptó también: Por lo que dice la historia, imagino que esta persona aceptó por conveniencia, ya que este nuevo evangelio haría obsoletos los trucos que él realizaba.

2. Quiso tomar ventaja: En este mundo, hay maneras de tomar ventaja y conseguir mejores oportunidades con dinero, pero como el Reino de Dios no se rige por las formas de este mundo, su dinero no le conseguiría ninguna ventaja.

Pedro lo enfrentó y lo reprendió, y creo que esta reprensión todavía debe hacer eco entre nosotros: el Reino de Dios no se gana por méritos propios. No tenemos nada que ofrecer de este mundo que nos ponga en alguna ventaja para ser candidatos a este Reino. La única divisa que existe en el Reino de Dios es nuestro corazón. Dios quiere que lo aceptemos y sometamos nuestra voluntad a Él, pues vivimos en este mundo, pero no somos de aquí (2 Corintios 10:3).

Definitivamente no es fácil llevar a la práctica este concepto. En este mundo somos bombardeados constantemente en cómo tomar ventaja, definiciones de éxito, valores contrarios al Reino de Dios, entre muchas otras cosas que nos puede llegar a confundir… Por eso, si no hacemos contraparte al dedicar diariamente tiempo a solas con Dios, si no estudiamos su Palabra y no dedicamos tiempo a la oración, no podremos ser luz en este mundo; la luz que tanto se necesita que irradiemos quienes vivimos en este mundo, pero somos ciudadanos del Reino de Dios.

  Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.      

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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