o ¿Los proyectos de Dios en mis manos?

En el paquete de las últimas instrucciones de Jesús a sus discípulos aparece esta promesa: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo (1)."

¿Les dejó Jesús a sus discípulos un cheque en blanco para la ejecución exitosa de sus iniciativas y proyectos? ¿Ofreció su apoyo incondicional a todos los proyectos que se nos ocurran? ¿Cómo se condujo Él mismo con respecto de sus propios proyectos? En los evangelios, en la Biblia, aparecen alrededor de 10 referencias a la forma en que Jesús consideraba sus propias iniciativas en su relación con Dios. Las referencias tienen que ver con la voluntad de Dios.

En el evangelio que más claramente se presenta la relación de Jesucristo con la voluntad de Dios, es el Evangelio de San Juan. Si lo juntamos con la Primera Carta del mismo San Juan, podemos tener entonces un claro concepto de lo que significa preguntarse: ¿Llevo mis proyectos a Dios? o ¿recibo los proyectos de Dios?

Para Jesús, el proyecto o los proyectos de Dios, constituían su plan de trabajo. En uno de sus famosos discursos dijo: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió (2)." Es decir, traía un proyecto. No nos debe sorprender que, justo antes de iniciar su ministerio, pasó cuarenta días y cuarenta noches (3) en oración y ayuno. ¿Podemos imaginar la importancia de repasar la agenda del gran proyecto de redención para la humanidad? Sin duda, tenía que repasar paso a paso el plan de trabajo para el cumplimiento de su misión.

Y el apego al proyecto y los planes de Dios fue tan importante en su vida que, una vez, le dijo a sus propios discípulos: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra (4)." También fue claro en decir: "No puedo yo hacer nada por mí mismo (5)."

Conocía el proyecto de Dios hasta en su último resultado: "Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (6)."

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Sabemos, a través del testimonio de los otros autores de los Evangelios, que hacia el final de su ministerio, Jesús fue ante el Padre con un plan B para cumplir el propósito de su ministerio, pero tuvo el cuidado de decir "hágase tu voluntad (7)."

Desde el principio, Jesús planteó el fundamento de su plan de trabajo. Lo afirmó en la oración modelo que enseñó a sus discípulos: "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (8)."

No hay duda que Jesús entendía que la mejor forma de cumplir con la misión de su vida, no era elaborando sus propios planes y luego llevarlos a Dios, sino ir a Dios y obtener de Él los planes para el cumplimiento de su misión. En la Primera Carta de San Juan, encontramos la clave de la promesa de Jesús a sus discípulos, la clave del cheque en blanco del que hablamos al abrir esta reflexión.

San Juan, que había estado muy cerca de su maestro y había observado de cerca su relación con Dios, escribió: "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye." Sí, tomar los proyectos de Dios para nuestra vida es un CHEQUE EN BLANCO en el cumplimiento de nuestra misión.


Referencias:

1| Juan 14:13 (Nota: Todas las referencias bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera, Revisión de 1960.

2| Juan 6:38

3| Ver Mateo 4:2

4| Juan 4:34

5| Juan 5:30

6| Juan 6:39

7| Ver Mateo 26:36-44

8| Mateo 6:10; ver Lucas 11:2