Paciencia en las diferencias
Aunque todos pensamos distinto, debemos buscar la unidad con el propósito de cumplir la misión de Cristo.
Al leer el relato bíblico de Hechos capítulo 11, viene a mi mente el dicho “Cada cabeza es un mundo”. No se puede esperar ni pretender que todos pensemos igual. Tampoco es sabio suponer que, porque yo he recibido un mensaje o impresión de parte de Dios, a todos a mi alrededor se les ha comunicado lo mismo. Es más, mucha de la riqueza que tiene una comunidad es precisamente la diversidad de opinión, siempre y cuando haya respeto y paciencia para escuchar la opinión de todos, y someter nuestros gustos e inclinaciones a la palabra de Dios.
Cada vez que se va a emprender un proyecto o se dará informe parcial o total de este, es muy importante tener en cuenta que habrá personas que tendrán diferentes puntos de vista o incluso estarán en oposición. Cualquiera que sea el caso, es importante que se escuche y se dialogue, que todos tengan la oportunidad de expresarse porque finalmente “En la multitud de consejo hay sabiduría” (Proverbios 11:14).
Por otra parte, cuando se presentan estas reuniones debe haber un común denominador: tener una base en común. En este caso, el común denominador era Cristo y la misión de predicar el evangelio. Cada vez que se emprende un proyecto hay 3 preguntas importantes:
1. ¿Qué? Esto es lo más importante. Los discípulos y los creyentes tenían bien claro que la misión que había encomendado Cristo era la proclamación del evangelio de Cristo. Que se dieran las nuevas de Salvación de un Jesús muerto, pero también resucitado y pronto a venir.
2. ¿Cómo? Esta pregunta invita al diálogo. Requiere de mucha paciencia, ya que las opiniones son variadas de acuerdo con el contexto, demografía, lugar, etc. En este caso, los creyentes tenían conflicto porque pensaban que el evangelio sería predicado a los judíos, por esta razón Dios tuvo que intervenir. Se pudieron poner de acuerdo porque todos tenían el mismo común denominador.
3. ¿Cuándo? Este punto es importante, pero una vez resuelto, las otras dos preguntas no debieran tener tanto problema. El cuándo invita a que se diversifiquen los planes y de un solo emprendimiento pueden salir varios. Comúnmente se le conocen como etapas.
Lo importante a resaltar aquí es que Pedro, después de haber recibido instrucción de Dios y haber obrado según se le había ordenado -y no sólo eso, sino que tuvo mucho éxito-, igual se reunió con los creyentes a escuchar su opinión y explicar su experiencia. Esto con el fin de que todos estuvieran juntos “…sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Filipenses 2:2).
La unidad en Cristo es nuestra divisa más alta.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






