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Cuando muera la muerte

Cada día, los seres humanos recibimos recordatorios de que hay un fin para nosotros, pero un día no muy lejano la muerte también “morirá” . ¿Quieres saber cuándo? Sigue leyendo.

Foto de Envato Elements
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¡Vive como si no hubiera un mañana! Frase que hemos escuchado varias veces y que a menudo se usa como un lema de vida, aún cuando es un recordatorio de un evento que no deseamos, que odiamos e incluso intentamos evitar de cualquier manera: la muerte.

Constantemente, los seres humanos recibimos recordatorios de que hay un fin, de que llegará el momento cuando -sin importar los esfuerzos- cesará nuestro existir. Cada día mueren aproximadamente 163,898 personas en este mundo; cada hora, 6,829; cada minuto, 114; cada segundo, 1.90. Esto nos indica que cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo hay llanto, dolor y tristeza por la muerte de un ser humano. Seguramente tú también has pasado por algún momento de luto y dolor.

Aunque para muchas culturas la muerte es causa de celebración (como por ejemplo: la Famadihana de Madagascar, los funerales con procesión de Jazz en Nuevo Orleans o el Día de Muertos en México), donde se celebra la muerte y se intenta pasar días de paz, recordando con regocijo a los que ya no están, estas situaciones no dejan de ser un momento triste. Y es que aún en medio de estas celebraciones hay dolor, ya que se sigue teniendo la ausencia de los seres amados.

Como cristianos no celebramos la muerte, ¡celebramos la vida! La vida que nos ha dado Dios y la vida de Jesucristo. Y, aunque su muerte fue clave para la salvación y el perdón de los pecados de la humanidad, su resurrección detonó la bendita promesa de vida eterna para todo aquel que crea en Él.

Para muchos es difícil asimilar o entender el concepto de una vida eterna, ya que vivimos bajo la ley del tiempo. Desde pequeños nos enseñan que el ciclo de vida es: nacer, crecer, reproducirse y morir. Nuestro entendimiento está basado en un proceso de principio a fin, en un “a — z”, en un “Alfa” y un “Omega”.

Dios no se deleita en el sufrimiento de sus hijos o en la muerte, Su deleite está en que sus hijos vivan una vida plena y que alcancen la inmortalidad. Dios quiere compartir la eternidad con nosotros y, para que lleguemos allí, únicamente debemos creer y obedecer su Palabra.

La consecuencia del pecado es la muerte, pero el regalo de Dios es la vida eterna, los hijos de Dios no mueren, sino que “descansan”. Al momento de la muerte, los justos no van al cielo o pasan a la sala de espera en el purgatorio; los malos tampoco van al infierno o a ser castigados, según la Palabra de Dios ellos simplemente dejan de existir. No se convierten en espíritus libres de traer paz a sus amados o de atormentar a los que desean, no tienen memoria o conciencia, no viven en un estado externo al cuerpo y tampoco se convierten en seres angelicales… los muertos nada saben, dejan de ser.

En la Biblia se les representa como si estuvieran durmiendo hasta el día de la resurrección (1 Tesalonicenses 4:14); los justos duermen hasta que la trompeta de Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortalidad. “Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles […] Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad. Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorrupción, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!” 1 Corintios 15:52–54 (VM). Cuando los justos se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresará en el hermoso grito de triunfo: “¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh Sepulcro, tu victoria?” Vers. 55. — {CI 36.2}

Cuando Cristo venga en gloria y majestad, cuando veamos al Alfa y el Omega, cuando seamos transformados y veamos con nuestros propios ojos al que es El Principio y el Fin, cuando Él nos levante de nuestro sueño profundo y contemplemos a Jesús, el que es La Resurrección y la Vida… Cuando seamos arrebatados juntamente con los que duermen y recibamos a nuestro Salvador en el aire y así estaremos siempre con el Señor, entonces celebraremos una muerte: ¡La muerte de la muerte! ¡Ven Señor Jesús!

Moisés Adonia

Autor
Estudiante de la Maestría en Estudios Bíblicos con Énfasis en Teología Sistemática.
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