Revirtió la diabetes con un cambio de estilo de vida
La Dra. María Tolentino superó la diabetes sin medicamentos gracias al programa del Centro de Medicina de Estilo de Vida: Vida Sana, y una transformación física, emocional y espiritual.
“¡Te internas o te mueres. Tú decides!” Con esta frase, la vida de la Dra. María Tolentino, docente de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de la Universidad de Montemorelos, dio un giro inesperado. Tras muchos años creyendo gozar de una salud perfecta, nunca imaginó que una consulta de rutina cambiaría su destino.
“Fui al médico como regalo de cumpleaños. Nada fuera de lo común”, recuerda. María no tenía ningún síntoma físico visible de una enfermedad y se consideraba una persona saludable. Pero aquella visita al Centro de Medicina de Estilo de Vida: Vida Sana, del Hospital La Carlota, reveló una realidad alarmante. “Yo pensaba que estaba sana; incluso el doctor se sorprendió de que recordara todo lo que había comido en los últimos cinco días. Me sentía en control”.
Pero los resultados fueron un golpe inesperado: niveles de glucosa por encima de 300 y una hemoglobina glucosilada de 13.7, muy por encima del límite normal. “Yo quería solo unas pastillas e irme a casa, pero luego de insistir varias veces en lo que necesitaba, el doctor me miró serio y me dijo una frase que nunca olvidaré: ‘Te internas o te mueres. Tú decides’.”
Aún sin asimilar del todo la gravedad, aceptó ingresar al programa intensivo del Centro. Para su sorpresa lo que encontró ahí fue más que un tratamiento médico. Fue una oportunidad para reencontrarse consigo misma, con su salud y con Dios.
“No hubo agujas ni catéteres. Hubo caminatas, baños de contraste, masajes, una alimentación completamente basada en plantas, sesiones con psicóloga, ejercicios terapéuticos. Me enseñaron a escribir lo que sentía, a dibujar, a meditar. Aprendí a escuchar mi cuerpo. Y sobre todo, descubrí que lo que me enfermaba no era la comida, era el estrés crónico que ya ni siquiera lo percibía”, relata María.
Durante las dos semanas de internamiento, María enfrentó su verdad: había olvidado cuidar de sí misma. Había vivido para los demás, sin límites, sin descanso, sin pausas. “Me enseñaron a decir ‘no’, a dejar el celular fuera de la habitación, a dormir bien, a respetar los ritmos del cuerpo, a valorar el silencio.”
Y lo más importante, a poner su salud en las manos de Dios. “Jesús vino a morir por mí. Entonces tengo que darme el valor que Él me da. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo. Y si me cuido, también puedo cuidar de los demás.”
Gracias al tratamiento y a una vida transformada desde lo profundo — en lo físico, lo emocional y lo espiritual — María evitó el uso de insulina y recuperó su bienestar. Hoy, a tres años desde que decidió cambiar su estilo de vida, no solo se siente bien, sino que comparte su historia para motivar a otros. “Tuve que tocar fondo para salir. Pero cuando uno se pone en las manos de Dios, todo es posible.”
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






