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¿Quieres el reconocimiento?

¿Te gusta llevarte el crédito por las cosas que haces e incluso por las que no? Los apóstoles nos enseñan cómo debemos actuar si estamos en esta situación.

Foto: Envato Elements
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Tomarse crédito por algo que no hicimos no es ético, pero va un poco más allá de esto. No está bien definir a una persona por acciones aisladas, pero la repetición de nuestras acciones sí nos van definiendo como personas. No es lo que decimos lo que nos define, sino la repetición de nuestras acciones.

El problema con tomar crédito de algo que no hicimos, además de no ser ético, es que nos va creando una falsa identidad propia. Es muy probable que lleguemos a creernos mentiras que nosotros mismos creamos e inevitablemente nos encamina a una decepción mayor, a que si desde un inicio hubiéramos reconocido que no fuimos nosotros los que hicimos esto o aquello.

No es muy difícil engañar a los que nos rodean, pero ¿con qué fin? Debemos saber que, aunque podríamos engañar a los demás, es mucho más difícil engañarnos a nosotros mismos y, engañar a Dios, ¡esto es imposible! Entonces, la pregunta sigue… ¿Con qué fin tomaríamos crédito por algo que no hicimos? ¿Validación? ¿Seguridad? Lo único que obtenemos al hacer esto es todo lo contrario, nos hace inseguros al punto de que empezamos a dudar de nuestras propias capacidades, dejamos de intentar proyectos, nos sentimos incapaces de las tareas que se nos presentan, etc.

Cuando Pedro y Juan sanaron al cojo del templo, mucha gente se juntó en derredor de ellos y me imagino que decían cosas como: ¿De dónde salieron estas personas? ¿Vieron el poder que tienen? ¿Será que ahora sí llegó el Mesías? Pero, como leemos en Hechos 3: 11–26, Pedro los corrigió al momento y los reprendió. Les preguntó cómo podían pensar que el poder salió de ellos si todos ellos habían sido testigos del ministerio de Jesús. Incluso, les echó en cara que ellos mismos habían sentenciado a muerte a Cristo, a pesar de que Pilato no lo quería hacer. En una situación como esta, los apóstoles pudieron haberse tomado el crédito y hacerse de “un nombre” para ellos mismos, pero ¿cómo tomarse crédito por ese milagro si ellos sabían de dónde había venido ese poder?

Lo que se evidencia en esta historia es la relación tan estrecha que tenían Pedro y Juan con Dios. Dios los definía como personas, Dios les había dado propósito, Dios los validaba, Dios les daba la seguridad.

Este mundo es muy confuso, pues así como te aplauden hoy, mañana te pueden dar la espalda; así como hoy te pueden admirar, mañana te aborrecen. En este mundo, la única seguridad que hay es la que Cristo te puede dar y una vez que dejamos que Cristo lidere nuestras vidas, Él se encargará de llenar nuestro corazón a tal grado que no tendremos necesidad de acreditarnos logros que no hemos hecho; inclusive las cosas que sí hacemos, sabremos que solo por la gracia de nuestro Señor es que pudimos y podremos obrar de esa manera. El secreto es ir a la fuente, ir a Dios. Todo lo demás es secundario.

  Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.      

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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