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Conectando

En la agenda de Jesús

¿Se necesita un contacto o méritos para tener su atención? Descúbrelo en esta reflexión.

El caminar cristiano tiene dos elementos esenciales:

1. Creer en Cristo

2. El acceso a Cristo

Es interesante que, en este relato, se manejan varios escenarios de acceso a Cristo pero todos tienen un común denominador: todos están presentes porque creen en Jesús.

El relato en Lucas 8:40–55, empieza con que mucha gente se había congregado para recibir a Jesús, todos estaban contentos; pero hay dos protagonistas que destacan en esta historia: “un tal” Jairo, alto funcionario religioso y una mujer que padecía una enfermedad que nadie conocía. Los dos creían en Jesús, pero uno de ellos (Jairo), humanamente hablando, tenía las credenciales para el acceso a Jesús y su poder. Por lo que Jairo representaba ante el pueblo, la muchedumbre se hizo a un lado para que pudiera hablar con Jesús, tenía una necesidad grande y la gente le dio el paso. Por otro lado, una mujer, con una necesidad grande también, no recibió el mismo trato de la muchedumbre. No se sabe si ella pidió permiso a los que estaban a su alrededor, posiblemente sí, pero le faltaban las credenciales humanas para que la gente considerara que ella también debería tener acceso al Maestro.

Esto no detuvo a la mujer, ya que en un intento desesperado y con una fe gigante, consiguió el acceso a Jesús tan esperado y le fue concedida su petición. Cuando Jesús sintió el toque de la mujer, paró. Preguntó quién lo había tocado -pregunta bastante ridícula ya que todos lo apretujaban-, inclusive Pedro hace alusión a esto. Me gusta pensar que Jesús, al preguntar esto, quería evidenciar que el acceso a Él y a su poder no están reservados a los que nosotros los humanos consideramos como “dignos”; a Jesús no lo interesa la condición en la que nos encontramos cuando buscamos tener acceso a Él, lo importante es que queramos acercarnos y, una vez que esto ocurre, una vez que comprendemos que Él es nuestra única esperanza, Cristo se hace accesible a quien sea sin importar estatus ni condición.

Esta historia termina feliz. Jesús concede a nuestros dos protagonistas su petición y ambas mujeres quedan sanas. Pero, la lección para este día es que vivimos en un mundo que humanamente es injusto, prejuicioso y elitista. Nosotros los humanos nos damos permisos que no nos corresponden, incluso llegamos a asumir sobre quiénes sí o no debieran tener acceso a Dios y las supuestas razones. Sin embargo, hoy aprendemos que para Jesús, lo único que importa es querer.

Ya sea que alguien nos invite a Jesús o lo busquemos por nuestra cuenta, ya sea que tengamos las “credenciales” para acercarnos a Cristo o que estemos alejados de Él, TODOS estamos al mismo nivel de acceso, todos podemos recibir de Cristo sanación y escuchar de Él: “Tu fe te ha salvado”.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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