Quién puede estar en la presencia de Dios según la Biblia
La enseñanza bíblica muestra que nadie cumple los requisitos por sí mismo y que solo en Cristo encontramos justificación delante de Dios.
¿Y si Dios preguntara quién es digno de estar en su presencia? Al escuchar las características de los que sí son dignos, la pregunta se vuelve inevitable: ¿hay alguien que realmente las cumpla?
Íntegro, justo, habla verdad, no es chismoso, no hace mal a su prójimo, no conspira contra su prójimo, el que sabe discernir, el que honra a Jehová, el que no se deja amedrentar, no despilfarra y no se deja sobornar…
Entonces, ¿quién es digno? ¡Pues absolutamente nadie!
Cuando David escribió este canto y redactó esta lista de características, prácticamente dijo: “Nadie es digno de morar en el monte de Dios”.
Pablo, reconociendo esta imposibilidad, dice: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! ...” (Romanos 7:24–25). Y también escribió: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrara en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en Él para vida eterna.” (1 Timoteo 1:15–16).
En el mundo cristiano hay una tremenda confusión al pensar que nosotros mismos podemos dignificarnos para “agradar a Dios”, que está en nosotros ser buenos y obtener todas esas características que cita David… ¡Pero no! Solo por medio de Cristo… Cristo nos dignifica. Por eso Pablo dice: “Gracias doy a Dios por Jesucristo nuestro Señor”.
Claro que tenemos la responsabilidad de querer obtener todas estas características, pero es solo por medio de Cristo, refugiándonos en Él, buscándolo a Él, reconociendo que no somos así de fuertes… ¿Cuándo vamos a entender que el ser humano no es capaz de desarrollar estas características por su propia voluntad?
Cristo nos quiere transformar, sí, pero por medio de su poder… no mediante nuestros propios esfuerzos. La invitación es ir a Cristo todos los días, como una responsabilidad individual. Y entonces, podemos celebrar juntos su misericordia.
“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?, ¿quién morará en tu monte santo?” (Salmos 15:1).






