UM
Conectando

¿Cuánto vale un momento?

Aprende a edificar una vida significativa con Dios, más allá de las emociones fugaces.

Vivimos en una época donde “vivir el momento” es la moda. Una vez escuché una frase que decía: “Somos momentos”. Si bien es cierto que debemos aprender a disfrutar las cosas que hacemos, las personas con las que nos relacionamos y los objetivos que cumplimos, es un engaño creer que por estas cosas vivimos. Es imposible tratar de vivir de excitación en excitación; las circunstancias de la vida, ya sean creadas o casualidades, son pasajeras y muy volubles como para fundamentar nuestra vida en ellas. No es sabio estar como un velero en altamar que se mueve de acuerdo al viento que sopla; no está bien depender de las corrientes o modas de nuestro derredor para construir nuestra vida.

No somos momentos, somos lo que hacemos entre cada momento, lo que construimos de manera consciente, las habilidades que desarrollamos, las reflexiones que construyen nuestra línea de pensamiento. No podemos estar a expensas del influencer más elocuente, no podemos dejar nuestro estado de ánimo a expensas de lo que hacen los artistas, atletas o políticos de moda. Si hacemos esto, estamos condenados a vivir vacíos y de momento en momento.

En el relato de la Biblia en Hechos 14, Pablo y Bernabé iban de ciudad en ciudad y la gente los recibía y creía en su mensaje, se impresionaban de las obras que estos apóstoles realizaban, pero después llegaban los enemigos del evangelio y los incitaban a rechazarlos y entonces cambiaban su parecer hasta el punto de apedrearlos. Esta manera de actuar, de tomar decisiones por lo que escuchamos y no por convicción, nos pone a expensas de cualquier moda creada con el propósito de desviar nuestra atención de lo que es realmente importante, y nos quita nuestra libertad de pensamiento al hacernos reactivos. Es triste encontrarnos en situaciones en las que ya no preguntamos, ya no investigamos, ya no estudiamos, ya no reflexionamos.

Es muy cómodo vivir reaccionando, es más fácil. Cuando solo reaccionamos, es fácil que todo lo que pasa a nuestro derredor sea culpa de alguien más, nos quita responsabilidad de nuestras propias acciones. El evangelio de Cristo no puede ser reactivo, debe ser reflexivo. El evangelio de Cristo se medita, se experimenta con el día a día, con cada decisión que tomamos, haciendo lo que se debe hacer a pesar de nuestro estado de ánimo, hacer lo que se debe hacer a pesar de si tenemos ganas de hacerlo o no.

Cristo mismo dijo “En este mundo tendrán aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33. Esto significa que el evangelio, la misión que tenemos no es un asunto de reaccionar a lo que otros están haciendo. Esto significa que de la mano de Dios debemos escoger, construir y esforzarnos día a día. Somos lo que construimos junto con Dios, somos lo que asumimos con responsabilidad sin dejarnos arrastrar por modas. Definitivamente no somos momentos, somos lo que hacemos entre esos momentos.

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
Ver más