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¡Tenemos un mensaje que compartir!

Conoce cuál fue el primer esfuerzo evangelístico en la historia cristiana y cómo sigue siendo vigente en la actualidad.

Foto: Pulso Estudiantil
Foto: Pulso Estudiantil

El inicio del movimiento misional de la iglesia fue algo extraordinario. Si dejo que mi imaginación se apodere de estas escenas, puedo ver a los discípulos, a María (la madre de Jesús) y a muchos más, orando, cantando y tratando de descifrar cómo es que empezarían esta gran misión. Puedo ver a Pedro dando ánimos a los demás. De repente oraban en grupos pequeños y posiblemente compartían ideas de cómo iban a comunicar el mensaje que les había encargado su Maestro. ¡Cuánto deseaban que Jesús estuviera con ellos en esos momentos para saber qué hacer!

Muchas veces hemos compartido ideas y estrategias de cómo poder mostrar el amor de Jesús, pero es interesante que cuando nos juntamos a compartir estas ideas, ya las traemos en la mente. No puedo recordar estar en una reunión formal o informal en que las ideas salgan de esa reunión, ¡nunca hay suficiente tiempo para esto!

Leyendo mi Biblia, en Hechos 2:1–13, encontré 6 elementos que comprenden todo el proceso de compartir a Jesús, que es el proceso misional que encontramos en Mateo 28:18–20. Para mí, los elementos que deberíamos seguir cada vez que se planee un esfuerzo evangelístico son estos:

1. Estaban juntos (Hechos 2:1). Cuando los discípulos recibieron la misión de Jesús, nadie estaba a la altura de ese proyecto, nadie trató de imponer algún método. Lo que hicieron fue orar, cantar y recordar las enseñanzas de Jesús JUNTOS. Dice Proverbios 11:14: “Donde no hay dirección sabia, el pueblo cae; la seguridad está en los muchos consejeros.” Hay que estar juntos, buscando el mismo propósito. Pablo también escribió en Filipenses 2:2: “Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.”

2. Todos fueron llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4). Es un error pensar que el ser humano tiene algún tipo de poder inherente para realizar la misión de Cristo. Necesitamos recibir el poder del Espíritu Santo y esto solo se logra con humildad, reconociendo nuestra incapacidad. Es el poder de Dios, no nosotros.

3. La ocasión para compartir la provoca Dios (Hechos 2:6). Posiblemente los discípulos y todos los que estaban con ellos se preguntaban constantemente “¿cómo le haremos para reunirnos con las personas?” Pues el Espíritu Santo lo hizo en un momento, y no solo reunió a la gente sino que fue el Espíritu Santo el que obró para que cada persona reunida entendiera el mensaje que los discípulos iban a dar.

4. Siempre habrá menosprecio (Hechos 2:7). Cuando los discípulos empezaron a hablar, la multitud se sorprendió al ver a los mensajeros. A nosotros como seres humanos nos gusta etiquetar gente y la mayoría de las veces nos cargamos al menosprecio. ¡No es el mensajero, es el mensaje! Pablo exhorta a Timoteo en 1ª de Timoteo 4:12: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”.

5. Tenemos un mensaje (Hechos 2:11). Una vez más, no somos nosotros ni la organización, sino el mensaje del amor de Dios. La tarea que nos corresponde es la fidelidad del mensaje, el mensaje confiado a los seres humanos. Las personas que escuchen deben poder decir: “… los oímos hablar… las maravillas de Dios”.

6. Debemos contar con el escepticismo (Hechos 2:13). No importa qué sea lo que se diga o cualquier plan, iniciativa o tarea que se realice, siempre se encontrarán personas que no crean y hasta se burlen de nosotros. Debemos tener esto en cuenta porque, al realizar la misión de Cristo, no estamos en un concurso de popularidad y nuestro trabajo no es convencer… Nuestro trabajo es presentar el mensaje, ser fieles a él y dejar que el Espíritu Santo toque los corazones porque, así como hay escepticismo, también habrá personas que lo quieran escuchar y el mensaje debe ser veraz y fiel a las indicaciones de Dios.

Este fue el primer esfuerzo evangelístico en la historia cristiana y considero que todavía es vigente como un buen ejemplo de lo que nosotros podemos hacer en la actualidad. ¡Dios nos ayude a compartir su mensaje!

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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