¿Quién hubiera podido predecir lo que este año 2020 traería? ¿De qué manera hubiéramos podido estar mejor preparados? Ahora tenemos a las puertas un nuevo año ¿Qué traerá? Nadie sabe…

Hoy, quiero contarte una historia que es muy conocida, la de David y Goliat, pero desde un ángulo diferente. ¿Cómo dice el cantito? “Este era un jovencito que se llamó David…” David está en su casa, todavía muy chico para incorporarse al ejército de Israel. Su responsabilidad es ser pastor de ovejas y la cumple muy bien. Un día, su padre le pide un favor “Y dijo Isaí a David, su hijo: «Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado y estos diez panes; llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; fíjate si tus hermanos están bien y trae algo de ellos como prenda.»” (1 Samuel 17:17–18)

¿Pueden imaginarse a David? La expectativa de ir a ver a sus hermanos, el largo viaje que se anticipaba, la emoción de ver la guerra de cerca. Debemos asumir que David era un joven temerario, miren como se describe a sí mismo: “David respondió a Saúl: — Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre. Cuando venía un león o un oso, y se llevaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, lo hería y se lo arrancaba de la boca…” (1 Samuel 17:34–35). Así que se fue el joven David…

Foto: http://maribel-alumnos.blogspot.com/2019/01/biblia-para-ninos-ii.html

Hacemos una pausa en la historia para destacar el primer punto que quiero compartir.

Cuando David salió de su casa, llevaba una tarea específica: Llevar provisiones a sus hermanos y traer prueba de vida de cada uno de ellos. Esa era la tarea de David, toda la planeación de su viaje comprendía esos dos objetivos y nada más. Seguimos con la historia.

Cuando llegó al campamento israelita, justo estaba avanzando el ejército de Israel para la batalla… rápidamente encargó las cosas a la persona que lo acompañaba y quiso estar cerca de la acción. ¡Qué emoción debe haber sentido! Una vez estando cerca y pudiendo apreciar mejor lo que estaba pasando, se apresuró a cumplir con el propósito de su viaje y preguntó: “Entonces David dejó su carga en manos del que guardaba el bagaje, y corrió al ejército; cuando llegó preguntó por sus hermanos, si estaban bien” (1 Samuel 17:22). Hasta aquí, el viaje iba según lo planeado pero, mientras estaba cumpliendo con su deber, se presentó la disyuntiva.

Dice la Biblia: “Goliat se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: — ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él puede pelear conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis…” (1 Samuel 17:8–10). Imaginen a este jovencito atrevido, temerario, con ganas de estar en las filas del ejército de Israel y gran admirador de los soldados, escuchando esa amenaza y esperando a ver quién sería el elegido para ir a callarle la boca a ese hombre.

Continuar leyendo la parte 2 de este artículo aquí: ¿Qué tan importante es la preparación continua? Parte 2