Más allá del sol
Evangelización y apoyo espiritual para pacientes, estudiantes y feligreses: propósitos de la misión de Ezequiel.
Ezequiel Casango, mexicano y estudiante de teología de la Universidad de Montemorelos (UM), viajó a Togo, África, con un propósito: ser un soporte psicológico y espiritual para pacientes y estudiantes.
Muchos desde temprana edad deciden dedicar un año de servicio misionero y crecen con ese propósito, pero este no fue el caso de Ezequiel, quien nunca se interesó ni tuvo como sueño ser misionero, hasta que llegó a la UM y conoció todo lo que la universidad hacía en esta área.
Durante la clausura de un Festival de Misiones (que se realiza anualmente en la Universidad) en el que muchos habían compartido sus experiencias en el campo misionero, Ezequiel se encontraba en un valle de indecisión, pero al reflexionar en la letra del himno “Aunque en esta vida”, que sonaba en ese momento, repentinamente empezó a llorar y fue entonces que decidió que él guiaría a muchas personas “más allá del sol”.
“Yo le dije al Señor: no sé cuándo, pero quiero dedicar un año para servirte como misionero”, contó Casango. Y fue así como comenzó su preparación para irse, siguiendo el proceso necesario y aprendiendo francés, el idioma oficial de Togo.
Tiempo después, el 19 de octubre del 2019, Ezequiel llegó a la ciudad de Lomé, Togo; país con una vasta diversidad cultural, étnica y religiosa. Además de su idioma oficial, se hablan más de 45 dialectos y existen únicamente seis colegios adventistas en todo el país de Togo.
Al principio, sus actividades misioneras se centraron en dos cosas: el servicio como pastor asociado de tres iglesias, apoyando al liderazgo de estas y de un club de Aventureros y Conquistadores; y a la capellanía del Centro Hospitalario Adventista de Oftalmología.
Con la limitada manutención que cada mes recibía y gracias a las donaciones externas, Ezequiel no sólo pudo cubrir sus gastos de alimentación y transporte, sino que también ayudó con medicinas, alimento y otros artículos para personas con bajos recursos.
“La primera razón por la que se debe elegir ser misionero, es porque sales completamente de tu zona de confort, experimentas el no ser tú y ser alguien a quien Dios controla, aprendes a depender 110% sólo de Dios”, comentó Casango.
Debido a las necesidades presentadas, Ezequiel tuvo a su cargo tres iglesias más, asumió la capellanía de todo el hospital y fue asignado como capellán del colegio adventista, dando clases de Biblia, inglés y español.
A pesar de que su plan de servicio finalizaba el 10 de mayo de 2020, la pandemia cambió sus planes prolongando su regreso hasta agosto.
Durante su estancia en Togo, Ezequiel tuvo la oportunidad de participar en la organización de semanas de oración, campañas evangelísticas, escuela bíblica de vacaciones y actividades deportivas; la realización de un campamento de Aventureros y Conquistadores, visitaciones y la repartición de despensas básicas, ropa y juguetes.
Ezequiel sabía que servir como misionero no garantizaba su relación con Dios. “Me hacía reflexionar la frase ‘a veces trabajamos tanto en la obra del Señor que olvidamos al Señor de la obra’, por lo que cada día buscaba tener un espacio de comunión personal con Dios y realizaba una serie de ayunos”, compartió Casango.
Una experiencia que ayudó a Ezequiel en el incremento de su fe, fue su participación en una intervención quirúrgica en diciembre de 2019. La odontóloga que coordinaba el hospital decidió atender a una paciente de 16 años que tenía un granuloma de células gigantes, la cual requería una operación de alto riesgo, incluso más debido a la falta de medicamentos para el tratamiento e instrumentos adecuados para la intervención.
La cirugía tuvo una duración de cuatro horas, Ezequiel ayudó con la traducción y apoyo psicológico de la paciente; pero algo que le impactó es que cada cierto tiempo, la odontóloga se detenía para orar a Dios y pedir por sabiduría.
Al cabo de unas semanas, la joven se encontraba recuperada y con una cicatrización adecuada sin infección. “Dependemos mucho de las cosas humanas, pero como misioneros aprendemos a depender mucho de las cosas divinas. Dios no es congruente, Dios hace milagros”, afirmó Casango.
Ezequiel empezo a trabajar poco antes de graduarse y hoy tiene 5 meses como capellán de la escuela South Texas Christian Academy y también labora como pastor de jóvenes en una Iglesia Adventista hispana de McCallen, Texas, guiando a los jóvenes para que se acerquen a Dios, generando en ellos un compromiso hacia la Iglesia y mostrándoles la esperanza de una vida mejor más allá del sol.






