A pesar de las pruebas
Rosa Chávez se graduó como maestra, y ha dedicado su vida al servicio misionero a pesar de las pruebas.
Cuando Rosita decidió ser misionera, tenía un trabajo estable con un ambiente que disfrutaba mucho y que había conseguido tan pronto como se graduó de la universidad, era un sueño cumplido, graduarse y tener un buen trabajo. Sin embargo, al año de trabajar, aceptó un llamado misionero para ser maestra en la escuela Técnico Industrial “Richar Gates”, un colegio con internado ubicado en Bolivia. Desde entonces Rosita ha vivido experiencias milagrosas.
Un día, Rosa sintió mucho dolor en uno de sus oídos, pero al consultar con los médicos, no llegaron a un diagnóstico certero ni tampoco su dolor se aminoró. Pasados los días, al ser insoportable el dolor y además empezar a sangrar su oído, salió de noche buscando atención médica a la ciudad de Riberalta: “Todo fue muy rápido, salí sin ningún peso y sin ropa, pero estaba confiada en que Dios proveería”.
Finalmente en el hospital, le detectaron el desarrollo de gusanos en su oído, esto porque una mosca había dejado huevecillos. Pero no podían atenderla ahí, tenían que trasladarla a otro hospital y para eso ella debía saldar su cuenta… Sin dinero, Rosita oró para que Dios proveyera. Al terminar la oración y volver a revisar su bolsillo, notó justo el dinero que necesitaba para pagar.
Las complicaciones siguieron, pero también la dirección divina. Ese fin de semana, el único puente que conectaba con Santa Cruz, a donde debía trasladarse para ser intervenida del oído, se derrumbó a causa de una inundación, por lo que no había forma de llegar vía terrestre; sin embargo dos pilotos misioneros la trasladaron en avioneta hasta la ciudad.
Aunque toda la experiencia estuvo llena de obstáculos, los milagros de Dios eran evidentes. “El doctor me dijo que estaba viva por la gracia de Dios, que los gusanos habían comenzado la perforación hacia el cerebro y si hubiera tardado un día más ya no estaría con vida”.
Para muchos este hubiera sido la señal para volver a casa y dejar de batallar, pero en lo único que pensaba Rosa era: “Dios es tan bueno que me ha preservado la vida hasta este momento, sé que tiene planes para mí y eso reafirma más mi decisión de ser misionera, no cambiaría esto por nada”.
Ser misionero es una decisión de valor y fe. Llevar el mensaje a toda nación, tribu, lengua y pueblo, establecido en Mateo 28:19 - 20 se torna difícil al enfrentar pruebas… Pero para Rosa Chávez, egresada de la Institución, y quien ha dedicado seis años de su vida al servicio misionero, las pruebas que ha pasado reafirman cada vez más las decisiones que tomó para tener una vida como misionera.
Según estadísticas publicadas por la División Sudamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, a nivel mundial, cada año 689 misioneros de sostén propio dejan sus países o estados para servir en alguna parte del mundo. Aunado a esto, muchos más se suman cada año en programas misioneros como Adventist Volunteers, ADRA, Fundación Smiles, entre otros. Y como parte de la experiencia misionera, un gran número de estos voluntarios enfrenta situaciones que podrían conducirlos a desertar de la misión.
Rosa Chávez es egresada de la Licenciatura en Educación Preescolar en 2015, y es originaria de Quintana Roo, México.
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