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Cuando Dios llama, provee

En tres años como misionera en Chad y viviendo por fe, Marcela ha ayudado a construir una iglesia, conseguir recursos para el hospital, becas académicas y más.

Marcela Mata, egresada de la Carrera de Terapia Física y Rehabilitación.
Marcela Mata, egresada de la Carrera de Terapia Física y Rehabilitación.

Egresada de la Universidad de Montemorelos (UM) como licenciada en Terapia Física y Rehabilitación, Marcela Mata viajó a Chad, un país de África Central donde la pobreza abunda y sus pobladores temen por la malaria, una enfermedad parcialmente mortal.

Aunque este viaje empezó como un plan de un año de servicio como misionera, actualmente se encuentra en su tercer año de servicio, tiempo durante el cual Dios le ha permitido colaborar de muchas maneras en el Hospital Adventista de Bere, compartir el evangelio en diferentes aldeas, construir una iglesia y más.

Todavía no es hora de ir a casa

Estaba próxima a su graduación como fisioterapeuta, era viernes de noche y Marcela se encontraba sentada en la Iglesia Universitaria disfrutando del Festival de Misiones. Llegó el momento del llamado de consagración para irse de misioneros, y ella, a pesar de que cada año se ponía de pie, esta vez se resistía, pues pensaba que ya era suficiente con los varios años que había sido colportora y que ya había estado mucho tiempo estudiando lejos de su país natal, República Dominicana. “Ya es hora de ir a casa”, pensaba Marcela.

Marcela caminando con hermanos de una aldea en Chad.
Marcela caminando con hermanos de una aldea en Chad.

Después de una lucha interna y de sentir que Dios la llamaba a través del pastor, decidió aceptar el llamado. “Me rendí al Señor, y le dije que estaba bien, que mi vida y mi tiempo son de él, que me indicara a dónde debía ir”.

Al terminar su año de servicio social en septiembre de 2019, vivió su primera experiencia como misionera en la Academia Laurelbrook en Dayton Tennessee, Estados Unidos, donde únicamente estuvo tres meses, pues ella sentía que Dios la llamaba a otro lugar.

Fue en febrero de 2020 cuando Diana Hernández, enfermera egresada de la UM que se encontraba como misionera en el país de Chad, le contó a Marcela de la necesidad tan grande que había de un fisioterapeuta en el Hospital Adventista de Bere. Esto motivó a Marcela e inició los contactos y procesos para ir como misionera.

Marcela le había pedido a Dios servir en un lugar donde pudiera continuar ejerciendo su carrera y seguir aprendiendo. “Llegué a Bere, una aldea a 12 horas de la capital, y sentí paz, esa que me confirmaba que todo estaría bien, que estoy en el lugar correcto, el lugar que Él eligió para mostrarme cuánto me ama”.

Providencia en la necesidad

Entre los principales aprendizajes de Marcela en este viaje, fueron la fe y dependencia de Dios al entender que cuando es Su plan Él proveerá lo necesario.

Marcela, con hermanas de unas de las aldeas que visita.
Marcela, con hermanas de unas de las aldeas que visita.

Desde el mismo inicio Marcela vio la mano de Dios. Gracias a algunas donaciones Marcela pudo costear su vuelo para Chad, sostenerse económicamente e incluso financiar algunos de sus proyectos de apoyo a los más necesitados y actividades evangelísticas. “Confiaba en que Dios proveería, pues si Dios alimenta a las aves, él no se iba a olvidar de mí”, dijo Marcela.

El Hospital Adventista de Bere tiene grandes necesidades económicas, logísticas y de personal para poder cubrir las necesidades de atención médica local. “Es triste ver a un doctor luchando por más de nueve horas con una cirugía y que por falta de sangre se le vaya una vida. Esto vemos en el campo misionero en el área de la salud”, comentó Marcela.

De igual forma, la falta de comida dentro del hospital marcaba un factor importante dentro de las posibilidades de vida de una persona, ya que muchas veces no eran las infecciones las que podían matar a un paciente, sino el hambre.

Marcela y hermanos de Chad.
Marcela y hermanos de Chad.

Fue así como se presentó la oportunidad de ayudar a los pacientes que sufrían desnutrición. Marcela comenzó donando su propia comida para hacer licuados y repartirlos a tantos pacientes como pudiera junto con otros pocos alimentos. Luego decidió publicar sobre está necesidad en las redes sociales e inmediatamente comenzaron a llegar donativos, y fue así como pudieron comprar comida y hacer sacos de arroz, cacahuates y maíz para distribuir, y preparar atole para repartir en todo el hospital.

Al llegar a la iglesia, Marcela vio que se reunían debajo de un árbol de mango, por lo que se propuso construir una iglesia. Comenzó a buscar donativos que poco a poco llegaron, hasta que finalmente se hizo una iglesia con capacidad para más de 250 personas, a la que ya le compraron 20 bancas y un púlpito.

Las dificultades económicas en Chad también alcanzan a los más jóvenes que por no contar con los recursos no pueden asistir a la escuela. Al notar esto, Marcela también decidió colaborar con un proyecto educativo, en el cual inscribieron a muchos jóvenes. “Nosotros pagamos la escuela y ellos ayudan un poquito en el hospital o trabajan en los huertos, la composta y los jardines”, explica Marcela.

Durante su primer año en Chad, Marcela se concentró en el evangelismo, donando libros y Biblias a personas necesitadas de escuchar la Palabra de Dios, ayudándoles también con medicamentos y comida.

Aún hay más por hacer

Llegó el momento en que estaba próxima a cumplir su año de servicio, pronto podría volver a su país para finalmente estar con su familia. “Yo no quería quedarme un año más en Chad, pero Dios te llama de una forma en la que resulta inevitable decirle que no”, dijo Marcela.

El doctor del hospital invitó a Marcela a continuar otro año colaborando con el departamento de terapia física, ya que todos se sentían muy satisfechos con su trabajo y no había nadie más que cubriera el área. Marcela viajó a su casa para pasar vacaciones, pero aceptó volver para seguir como misionera.

“Le pedí a Dios que me mostrara cuál era su propósito para mí en este lugar nuevamente y que me permitiera sentir otra vez la paz de Dios como cuando llegué”, dijo Marcela.

El regreso fue difícil, ya que Diana, su amiga mexicana que había estado cinco años en Chad, se había ido a Egipto; además, no llegaban muchos pacientes a terapia física, por lo que se sentía sola. Pero después de ayunar y orar, poco a poco fueron llegando pacientes, mismos que corrían la voz; ahora tiene un horario completamente apretado en el hospital.

Después de un tiempo, era necesario continuar con el proyecto de evangelización. La iglesia que Marcela había construído tenía quince miembros bautizados, por lo que ella decidió que tenía que ir a otras aldeas para hablar de Dios. Sin embargo, se topó con el desafío de no tener transporte.

Marcela y hermanos en la iglesia que construyeron.
Marcela y hermanos en la iglesia que construyeron.

“Un día, escribiendo mi diario, me encontraba casi llorando, estaba así como peleándome con Dios porque no tenía quién me llevara, entonces le dije que necesitaba un equipo de trabajo, dos o tres personas que me ayudaran con el evangelismo”, recordó Marcela. En ese momento llegaron a su puerta dos de los chicos que ayudaban con el proyecto educativo, así que decidió hacerles la invitación y ellos aceptaron gustosamente; luego invitó a su vecina enfermera originaria de Camerún, quién también aceptó.

Era momento de comprar dos motocicletas para poder transportarse, y aunque Marcela no tenía mucha experiencia manejando motos, estaba dispuesta a hacerlo para compartir del amor de Dios. Más donaciones llegaron hasta que en menos de una semana, ya tenían el dinero para comprar las dos motos.

“Dios obra de una manera que no podemos entender. Nunca me ha faltado el dinero para pagar los medicamentos y brindar terapia a niños que lo necesitan. Aunque a veces no cuente con donaciones, si Dios pone en mi corazón ayudar a alguien, compro sus medicamentos y suplo sus necesidades, y el Señor siempre provee para pagar las facturas”, contó Marcela.

Entre los proyectos a futuro, Marcela desea viajar los domingos a las aldeas más lejanas, para llevar despensa y programas de salud y por supuesto, estudios bíblicos.

Participando en el programa de Ministerio de la Mujer.
Participando en el programa de Ministerio de la Mujer.

“Seguiré ayudando y viviendo por fe. Es así como tenemos las bancas, es así como se harán las aulas de la iglesia, el baño y la cocina… por fe, por fe y por fe. Creemos que el mismo Dios que abrió el mar rojo, abre mil puertas de posibilidades, para seguir sirviendo a esas personas y que mediante el método de Cristo, ellos puedan conocer a Jesús” dijo Marcela.

Aunque uno de los desafíos más grandes que enfrentó Marcela a la llegada a Bere fue el idioma (inglés y francés), hoy puede comunicarse e incluso predicar en francés. Además, hoy Marcela tiene tres años en Chad, es directora de la Escuela Primaria "École Adventiste Maranatha de Nergue" y la lider del distrito de los Conquistadores de Chad.

La historia continuará...

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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Lili Pimentel

Autor
Egresada de Comunicación y Medios por la Universidad de Montemorelos.
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