“La civilización democrática se salvará únicamente si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis”. Umberto Eco, escritor italiano.

En 1996, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 21 de noviembre como Día Mundial de la Televisión, dando reconocimiento a las comunicaciones por su gran influencia a nivel mundial. La televisión, además de ser una herramienta de entretenimiento, tiene como propósito ser portavoz de grandes contenidos pro humanitarios, ya que a través de las comunicaciones se ha podido llegar a hacer conciencia de las problemáticas sociales de todo el mundo, lo que genera un gran compromiso de las comunicaciones para trabajar a favor de la humanidad.

Por mucho tiempo la televisión ha sido criticada y ha sido vista como un reemplazo de la convivencia y comunicación entre las familias, pero desde mediados del siglo XXI se ha ido cambiando el concepto sobre este aparato; hemos olvidado que también es un medio que tiene mucha influencia ante la sociedad por su lenguaje sencillo e informal, facilitando el conocimiento entre culturas.

Pero, ¿qué relevancia tiene la televisión en nuestro ámbito cultural-religioso?

Gracias al avance tecnológico, al apoyo y a la visión que se ha generado hoy en día, la preparación de jóvenes cristianos en el ámbito de las comunicaciones ha tomado mayor fuerza, sobre todo para el contenido audiovisual educativo y de generación de conciencia. La libertad religiosa que todavía nos regala la sociedad en estos tiempos, ha permitido abrir puertas para compartir lo bueno que tiene este mundo; y, a través de los medios de comunicación, se nos da la oportunidad de reeducar a las personas con temas de interés común.

Foto de Ian Panelo en Pexels

Con el paso del tiempo se ha logrado crear diversidad de contenidos, como los programas de televisión con temas de salud y prevención de enfermedades físicas y mentales, o audiovisuales informativos que nos aportan contenido fuera de lo convencional. Actualmente, la televisión ha tomado protagonismo como uno de los recursos con mayor alcance para la evangelización; es por esto que, como comunidad cristiana, debemos voltear a ver a la televisión como recurso efectivo dentro de nuestra misión.

La realidad es que ahora el futuro es el presente, las pantallas han dejado de ser un mero entretenimiento y se han convertido en fuentes de mensajes interactivos para el fortalecimiento de una sociedad más humanitaria. Si para la ONU la televisión es un canal de gran impacto para la concientización mundial, para nosotros como cristianos, preocupados por la evangelización, debe ser tomada en serio como una de las herramientas más poderosas para presentar buenas noticias y llegar a aquellas personas que necesitan en su vida de una gran esperanza.