Día de la Tierra 2025: cuidar lo que se nos confió
Una mirada bíblica al cuidado del planeta, que nos recuerda que fue Dios quien lo suspendió sobre la nada y nos encargó preservarlo.
“Él extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada” (Job 26:7), exclamó el patriarca Job cuando, presa del dolor físico, mental y espiritual, buscaba respuestas a su precaria situación mientras mantenía su fe en el Creador.
Ya llegó el momento en que nuestro planeta, esa gran masa de rocas y agua que “suspendida en el espacio” se desplaza alrededor del sol a unos 30 km/s, completó un ciclo para llegar al así llamado Día de la Tierra, hoy 22 de abril. Esta celebración cuyos orígenes se remontan hasta los años 70, se estableció con el fin de hacer un frente común ante los problemas ambientales derivados de la pobre conciencia ecológica que imperaba en esa época. La realidad es que hoy, 55 años después, no hay mucha diferencia en la actitud de la sociedad y en el incesante devenir temporal nos convertimos en los crueles verdugos de nuestro entorno.
Quizá, uno de los problemas más urgentes que requiere acciones firmes e inmediatas, es la abundancia de plásticos en los ríos, arroyos y en los océanos. Según algunos estudios, solo el 9% de todo el plástico producido y utilizado a nivel global hasta hoy, se ha reciclado, el 12% se ha incinerado, mientras que el 79% restante, ha terminado en vertederos o en el medio ambiente. La prevalencia de estos materiales de plástico es nociva tanto para los ecosistemas marinos como terrestres, pues daña significativamente la calidad de vida de todos los habitantes del planeta.
No obstante, existen múltiples aristas que deben atenderse en el poliedro multidimensional de nuestro entorno, a fin de detener su constante deterioro. Por ejemplo, existe una gran crisis en los suministros de agua apta no sólo para el consumo humano, sino para aquellas actividades directamente relacionadas con nuestra subsistencia, como la agricultura, la ganadería y la fábrica de alimentos.
También, el gran número de autos a gasolina u otros combustibles fósiles, con su dañina emisión de gases, contaminan nuestra atmósfera hasta niveles apenas respirables. Esto, sumado a la tala furtiva de grandes áreas boscosas, reduce drásticamente la capacidad de la atmósfera de ser un lugar apto para la vida. Otro problema es el irracional uso de agroquímicos que disminuye la fertilidad de las tierras de cultivo, lo cual repercute en el correcto abastecimiento de alimentos a precios accesibles para la población.
Es desafortunado que este planeta, en el que en el principio todo “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31) enfrente ahora amenazas tan devastadoras. Por eso, ante la agobiante avalancha de problemas que tienden a debilitar y aun con extinguir los ecosistemas terrestres, es tiempo de asumir la responsabilidad que Dios nos asignó desde el principio, la de ser mayordomos de la creación. Por tanto, es ahora cuando, alejados de cualquier agenda política y del protagonismo que como especie nos caracteriza, nos pongamos en armonía con la naturaleza, el segundo libro de Dios.
Y por supuesto, el deber de ejercer una mayordomía responsable, no se circunscribe sólo al 22 de abril de cada año, o en relación a un único tema, si no que debiese ser una constante en nuestras vidas.
Hoy es un buen día para decidirte a cuidar la tierra que Dios creó para ti y para mí.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






